A Jesús Rosales, o el pelo de algodón

Tiene el pelo de algodón,
la mirada de un abuelo,
y en una conversación
es quien escucha mejor
y también el que habla menos
(hasta que da un tiento al ron
cargaito, con dos hielos),

largo como una jirafa
por las calles de Marbella,
dos ojos detrás de unas gafas
que si las rompe o las chafa
son dos culos de botella,

una empresa familiar
donde él va por delante,
una cerveza en un bar
donde se pueda escuchar
y no esté prohibido el cante,

y a ratos va de visita
a ver a una mujer,
y suelta dos lagrimitas
con quien ella solita
le vino a este mundo a traer,
y allí, junto a una mesita,
Jesús las gafas se quita,
se limpia dos lagrimitas
y dice: ¡te quiero, joder!

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