Tiene el pelo de algodón, la mirada de un abuelo, y en una conversación es quien escucha mejor y también el que habla menos (hasta que da un tiento al ron cargaito, con dos hielos),
largo como una jirafa por las calles de Marbella, dos ojos detrás de unas gafas que si las rompe o las chafa son dos culos de botella,
una empresa familiar donde él va por delante, una cerveza en un bar donde se pueda escuchar y no esté prohibido el cante,
y a ratos va de visita a ver a una mujer, y suelta dos lagrimitas con quien ella solita le vino a este mundo a traer, y allí, junto a una mesita, Jesús las gafas se quita, se limpia dos lagrimitas y dice: ¡te quiero, joder!