Ya no llena los aforos que llenaba con Sabina, le entra el arte por los poros, calla hasta por los codos, te saluda en cada esquina, y tiene el genial decoro del que no juzga ni opina,
un señor en una silla que acaricia una guitarra, las letras de carrerilla y cuenta de forma sencilla las anécdotas que narra,
si escuchas atentamente y cerraras bien los ojos, ves que lo adora la gente, y que hace un Wizink Center a partir de los despojos,
yo no sé si habrá fumata o si el tiempo rebobina, yo no sé si hay Fe de erratas, yo no sé de qué se trata o si hay por medio inquina,
mas no habrá quién hoy debata que Pancho es, de forma innata, la guitarra de Sabina.