Uno entre seis hermanos, familia de comerciantes, un trato afable y humano, un tipo de esos campechanos que heredaron buen semblante,
te atiende en el Mediodía, anda entre ostras y cavas, y encontró la melodía del que sabe la ironía de que lo bueno se acaba, y si no, es que no valdría, no valdría nada de nada, es por saber que expira que esta vida se te clava,
entre las mesas dibuja su ritmo, que nunca para, y es domador de burbujas que es profesión de las raras,
viene encima a mis poemas y me agradece la tarde, ¡era una tarde de pena y tus versos me serenan, escucharte no fue en balde!