
Tenía aquella cara de bueno
y el cariño de la gente,
el bigote de mi abuelo,
y una patita de menos
su Manuela confidente,
tenía palabras sabias
y la gente lo escuchaba,
y le daba mucha rabia
ver que la gente en Babia
gastaba más que ganaba,
tenía un Volkswagen viejo
y su sueldo lo cedía,
y a su casa, desde lejos,
venían a escuchar consejos
los que decían que sabían,
hoy el mundo ya lo extraña
y la gente no se explica,
como en una cabaña,
de forma tan ermitaña
vivió un sabio y su perrita.

