A Ángel Sarmiento, entre notarios y obras.

Apareció por mi vida
porque buscando dinero
nos citamos en la esquina
pa que viera mi trastero,
y entonces me dijo enseguida
¡me gusta, quillo, lo quiero!,

es un señor gaditano
pero de tierras sin playas,
tiene un trato campechano
y cuando te da la mano
sabes que va a dar la talla,

su mujer desde pequeños,
tres hijos ya por su cuenta,
y está cumpliendo su sueño
de ser al final el dueño
de todo lo que está en venta,

un ático a la montaña
y tres gatos de escayola,
y aún le queda una hazaña:
quitarle las telarañas
al vino que nunca toma.

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