
Viste camisa blanca,
siempre lo ves con lentes,
tiene sonrisa franca
y anda a trancas y barrancas
por endulzar a la gente,
dicen que con su hermano
regenta un Café de esquina,
cuando puede da de mano
y se va a tocar el piano
(con órgano nada rima),
es embajador de Loja,
donde presume de rosco,
hoy cambia en sus años de hoja
y tras un tira y afloja
habrá cerrado el quiosco,
habrá soplado las velas
tocando una partitura,
y un rosquito de canela
mientras toca la Obertura.

