Pasa las noches en vela aguantando a clientes varios, ni duerme ni se desvela, alterna el ser centinela programando en la cancela con el código binario,
once años de condena por haber cruzado el charco, once años que le quedan para cortar sus cadenas y poder zarpar el barco,
nos cruzamos varias veces en lo que dura la noche, si la ocasión lo merece, mientras la noche oscurece y sigue entrando algún coche,
te mira con ojos agudos, sin descuidar la marmita, y entre saludo y saludo da consejos siempre agudos contra la pena y la cuita,
vuelve a pisar el felpudo, vuelve el sabio a la garita.