Poemas y Retratos

A Maika Macías, la peregrina noble.

Los conocí en el Camino
y me dejaron su huella,
puede que fuera el destino
o fuese el genio de Aladino
quien nos dio la mesa aquella,

donde cruzamos las vidas
en una mesa de Agés,
jugando nuestra partida,
siguiendo la flecha amarilla
al olor de unos cafés,

dicen que Maika anda mal,
que le ha fallado la cuerda,
que ahora justo al final
cuando no hay que trabajar
le llega una enfermedad
de esas que son una mierda,

y yo que la vi dos veces
quiero mandarle un abrazo,
darle las gracias con creces
por multiplicar los peces
con esa sonrisa que, a veces,
mejora el día de un plumazo,

... y que una peregrina
nunca se quita las botas,
el Camino no termina
cuando la cuesta se empina,

siempre hay una propina
pa quien aprueba con nota.



Un verso en la pared

Me gusta ver escrito en las paredes
los versos que escribiera algún poeta,
me gusta más que eso de las redes,
que pones un dedito cuando quieres
y mandas luego todo a hacer puñetas,

me gusta la ciudad que tiene escritos
renglones en rincones elegidos,
a mí me parece algo bonito
poner de algún poema algún trocito
que pueda ser a ratos releído,

en mi pueblo ponen pocos
y se van deshilachando
en algún lugar remoto
con Marpoética ya roto
ya se marcharon los focos
y al verso le vayan dando,

el día que yo me muera
no quiero ningún pedestal,
ni una calle con acera,
ni ninguna estatua hortera
de una junta vecinal,
yo lo que quiero de veras
es que en un rincón cualquiera
un día se acerque un zagal,
saque de la cartuchera
un boli de esos Bic Cristal
y cuando nadie lo viera
pinte el verso que él quisiera
de los que yo un día escribiera,

... ¡ eso sería brutal !








El niño que fui (sobre un verso de Karmelo C. Iribarren)

El niño que fui me mira,
y me pide explicaciones,
¿cuándo empezó la partida?,
¿puedo ir a la Salida
a que me den las instrucciones?,

le digo que eso no vale,
que el juego ya está avanzado,
que avanzas con lo que sale,
y todos jugamos iguales,
a todos nos dan un dado,

... que él juega y que yo mire,
que él lo haría de otro modo,
le doy el dado pa que tire,
a ver si jugando él consigue
mejorar lo que yo jodo,

y entonces me lo lo devuelve,
y me dice: ¡Es complicado!,
así que mi niño me absuelve
y me dice ¡fuiste fuerte,
ahora por fin me he enterado!,

luego en mis brazos, inerme,
vuelve a hacerme estremecerme
cuando dice mientras duerme:
¡yo sé que siempre has luchado!