Yo no soy de Reggaeton, me parecen tipos canis, que hacen cada canción buscando un sonido funny, y rimas sin ton ni son, como el tipo ese, Bad Bunny, pero siempre soy discreto, con quien junta siete versos, por eso en faena me meto, me echo un trago al coleto, me pongo la gorra y el peto, hago dos o tres bocetos, aunque me encuentre disperso, ya no puedo parar quieto, y siempre me comprometo con mi flow y con mi respeto por todos los tipos esos, siempre voy con mi amuleto buscando encontrar un soneto y aunque nada te prometo yo creo en el Universo, entre todos esos notas, hay uno bastante elegante, "no se cuelgan las botas, menos se enganchan los guantes" yo no soy de Reggaeton, la verdad me importa un bledo, pero mi hijo, vacilón, me enseñó en una excursión una canción de Quevedo, la tengo en el corazón, y solo él tiene la llave, y con eso yo me quedo, te quiero Bro, ¡ya tu sabes!
Poemas y Retratos
Quiéreme mucho
Quiéreme mucho, porfa, dame un abrazo fuerte, que soy como aquella hoja que con la lluvia se moja y viaja siempre a su suerte, abrázame de vez en cuando si no te molesta mucho, si vieras que estoy llorando, si ves que estoy tiritando, como hace un pobre chucho, no escatimes en cariño, porque de eso nunca sobra, y por dentro soy un niño que le vale con un guiño para olvidar la zozobra, quiéreme siempre de veras; pero hazlo de corazón, mas si acaso no pudieras o por si es larga la espera, voy a empezar primero yo.
El último quijote
Volvió a mirarse las manos llenas de venas y arrugas, se había levantado temprano por eso de "al que madruga", cogió su bastón liviano, cogió su cuerpo de anciano y el pasillo hacia la fuga, salió sin que nadie lo viera con su bata de enfermero, y al llegar hasta la acera se ajustó bien la visera como hacía su Caballero, se escapó de Cienpozuelos (como cantaba Sabina), con sus ojos azul cielo, sus andares de locuelo y su mirada ladina, andando por la calzada e ignorando a los molinos, vio que no estaba ocupada una mesa soleada, se sentó, y pidió un vino, y oliendo la libertad perfumadita de brea (como decía Serrat) al camarero tutea y le dice: ¡está al llegar, hemos quedado a almorzar y se llama Dulcinea! y una lágrima suya (como dijo Peret) en la arena cayó ¡Vaya doncella capulla! me la ha jugado otra vez, pagó la cuenta y marchó, y ya de vuelta en su celda se relaja poco a poco, y entonces en una libreta recuerda la vieja receta: morir cuerdo y vivir loco.

