La sonrisa de un enano, mil barriles de cerveza, un Quijote siempre a mano, un poquito de pereza, también llevaría un piano para vivir con nobleza, y, aunque lo intente en vano, mi puzzle de cuatro piezas, las canciones de Sabina, los poemas de Neruda, el perchero de la esquina donde a veces cuelgo dudas, una rosa sin espinas, por ver si allí me dura, y quizás una bocina, no sea que alguien acuda, las fotos de mis amigos, y una flecha amarilla, para mostrarme el camino por si un día el sol no brilla, no creo que volviera nunca, ... tiraría la maleta, y por si la estancia se trunca, todas las letras juntas que escribieron los poetas, y justo donde la entrada, siempre pondría un felpudo, que diga: ¡no traigas nada, la estancia la tienes pagada!, ... deja caballo y escudo, y toma una birra helada que hace un día cojonudo.
Poemas y Retratos
Lo último que yo haría
Lo último que yo haría sería mirar hacia el mar, y en una tumbona vacía cuando va a acabarse el día alzar una copa y brindar, si es cierto que va pasando la vida en fotografías, antes de irme apagando voy a intentar coger el mando y así elegir yo las mías, que pa´ eso estoy pagando, y aún estará en garantía, y voy a pasar disfrutando aquellas en que salías, y en un último acto reflejo miraré al tío del espejo sin ninguna suspicacia, ... y voy a decirle: ¡viejo!, me diste buenos consejos, ¡quisiera darte las gracias!
Error 404
Anoche volví al viejo bar donde un día nos conocimos, me puse en la esquina a fumar y me dio por recordar lo que esa noche hicimos, la sonrisa de tu boca, lo bien que olía tu pelo, tú haciéndote la loca, y yo mordiendo el anzuelo, yendo y volviendo al Roca porque me entraba canguelo, y me pedí otras seis copas del tirón, a quemarropa; pero la última sin hielo, las risas que nos hicimos, el chiste que te hizo gracia, cuando a mi piso nos fuimos besándonos todo el camino aunque tú eras aún reacia, aún recuerdo tu falda cuando la echamos al suelo, tu arañazo en la espalda, mis gayumbos rojigualda (yo siempre haciendo el canelo), y entonces el camarero, ¡habrá que ser tío ingrato!, limpiando los ceniceros me dijo ¡oiga caballero, ... no fue así el retrato!, seamos los dos sinceros, ayer no triunfó el torero, la chica se fue al poco rato, y fue igual de porculero que si tecleo lo que quiero y veo "cuatrocientos cuatro".

