Hubiera dado un año de mi vida,
incluso uno de esos que hay bisiestos,
por tomarme un whisky a solas con Sabina,
allí por donde Tirso de Molina,
y te juro que aún hoy día estoy dispuesto,
por entrar en el portal de Relatores,
allí donde esperé y jamás entró,
escribir entre botellas de licores
versos de amistades y de amores,
cantar Princesa a dúo desde el balcón,
decirle que rasgó mis entretelas,
y que hizo mi mundo más honesto,
que no quiero leer en una esquela
que han cerrado ya la vieja escuela,
que se ha perdido el arte del Maestro,
espero seas longevo cual Chavela,
y disfrute de mi Flaco pa los restos.
,
Aún se añora en los tablones,
a uno de esos profesores
que era luz en las tinieblas,
mil quinientos madrugones,
quince mil evaluaciones
cuando estuvo en Bocanegra,
de niño jugaba en la plaza
a la sombra de Angelines,
que entre mantones y tazas,
siempre tenía una hogaza
y un rincón entre cojines,
... evitando la rutina
destila un trato sincero,
en San Pedro, en cada esquina,
lo tratan de caballero,
lo que empieza lo termina,
y vacila de vitrina,
vikingo entre colchoneros,
dice quien le conoce
que sabe más que el diablo,
que te gana con el roce,
que trabaja más de doce,
y que es feliz con el goce
de Conchi, de Javi y de Pablo,
frisa ya con los sesenta,
siempre tuvo un trato humano,
y aunque no los aparenta,
eso me dicen y cuentan
algunos de sus hermanos,
un tipo que no se fragmenta,
... cual acero toledano.
Hay flores que nacen en bosques
y crecen de forma grácil,
no saben ni cómo ni porque,
van con la vida a remolque,
... y eso es fácil,
hay otras que en el desierto
lo tienen un poco más duro,
tienen un futuro incierto,
la vida es un libro abierto,
el mundo un sitio inseguro,
pero esta florecilla
entre las rocas se cuela,
y ves como brilla y brilla,
y si choca con astillas
no creo ya ni le duelan,
y al final llegó a la orilla,
aún hay rastros de su estela,
me alegro por esta chiquilla
que siempre hizo cuadrilla,
con su tío y con su abuela.