Poemas y Retratos

Homenaje al «Pelotilla», al «Bornoy» y al «Tonto la bajadilla».

Fueron tres personajes
de una Marbella anterior,
clásicos de un paisaje
que pagaron su peaje,
y estos versos sin ambages
hoy les regala el autor,

uno vivía en una choza
como Diógenes el griego,
y allí por la calle Mendoza
amontonaba una broza
de cartones sin sosiego,
y era una cosa curiosa
verlo correr con dos huevos
cuando de forma jocosa
lo llamaban los chicuelos,

otro vivía donde El Cable
en una cabaña apartada,
verlo era desagradable,
mejor no le dejes que hable
pues en la cara no hay nada;
este era un tipo sociable
con tristeza en la mirada
pues era imposible mirarle
y al final el tipo, amable,
volvía a la fonda del sable
con la mirada cansada,
y creo que es más que probable
que al no conversar con nadie
llorara de madrugada,

y el otro era un buen hombre
que junto al segundo vivía,
y cuando pasaban los coches
era tal su alegría,
que como un niño noble
aplaudía y aplaudía,

y ahora que el tiempo pasó
en algún lugar del cielo,
el primero se afeitó
y se ha cortado los pelos,
el segundo se operó
y se puso un rostro nuevo
y dicen que es actor
o trabaja de modelo,

y al otro lo puso San Pedro
a que le ayude en la puerta
y con aplausos sinceros
le avisa si llega alguien nuevo
y así puede echarse la siesta,

fueron tres personajes
que retengo en la mirilla,
y este es mi homenaje
al "tonto la bajadilla",
al "bornoy" y su coraje
y también al "pelotilla".







A Francisco Rodríguez Martín, el Niño del aceite

Un niño va en bicicleta
con tan solo trece años,
con tres cuartos y calceta,
buscando unas pocas pesetas
que le sirvan como apaño,

un niño en plena posguerra
paseando sus bidones,
en una época perra,
donde el miedo te encierra
y no hay niños ni balones,

alguien que hace una foto
seguramente por Huelin,
... un fotograma roto
sacado para una peli,

una hija años más tarde
que compra el diario Sur
y se la enseña a su padre,
y le dice que la guarde,
¡que ese podrías ser tú!

un niño ya casi abuelo
que recupera su vida,
y se tira de los pelos,
llorando con el consuelo
de ver la foto perdida,

y hoy sigue una bici vieja
por el cielo dando vueltas,
y allí San Pedro, en la reja,
que vuelva tarde le deja
y él le espera en la puerta,

y comen los dos en pareja,
aceite con pan de espelta.






El fin del mundo

Soltaría las mochilas,
pondría un bafle en la arena,
y luego haría una pila
poniendo en una gran fila
todos nuestros problemas,

cogería a nuestros padres
y los pondría a cubierto,
y a eso de media tarde
les daría unos echarpes
pa´ protegerlos del viento,

y los niños a su bola
que disfruten sin mayores,
aquarius y coca cola,
les quitaría las consolas
a esos marditos roedores,

con todo bajo control
abriría una cerveza,
y bajo la luz del sol
marcaría el primer gol
de remate de cabeza,

pondría música ochentera
brindaría con todo el mundo,
me acercaría a tu vera
pa´ invitarte a la primera,
antes de ir dando tumbos,

que no faltara comida,
que no se apagara la luz,
que hubiera siempre bebida
y una cara conocida,
y si puede que seas tú,

y que cada uno aguante
lo que buenamente pueda,
que no esté prohibido el cante,
que estemos de buen talante
que al final es lo que queda,

y que vivamos la vida
hasta que ésta esté muerta,
y al terminar la partida
el último que en pie siga
que cierre despacio la puerta.