Poemas y Retratos

A Jose Mari Ferreira (el largo), el Christian Slater de Marbella.

Pasea su metro noventa
por las calles de Marbella,
y en una revista de imprenta
las cosas del golf te cuenta
y su logo es una estrella,

lo conocí hace ya mucho
con mi amigo Camarero,
parecían dos cucuruchos,
como la trucha y el trucho
por el puerto (no el pesquero),
el otro, al que íbamos mucho
con camiseta y vaqueros,

solían cantar por U2,
cuando yo era heavymetal,
en el Arturo había rock...
y en el Yorbo había macetas,

perdió muy pronto un hermano
y eso tengo que ponerlo,
a veces hay buena mano
y otras te dan de plano
sin comerlo ni beberlo,
y eso es un nudo gordiano
que no puedes deshacerlo,

... ahora lo veo a veces
en el Yuyu´s, junto al Lima,
si por un casual lo vieses,
dile que hoy me apetece
desbaratarle estas rimas.











Toreando

Te ponen el traje de luces,
te colocan en el ruedo,
te dicen: ¡calla, no azuces!,
el miedo te da de bruces,
y entonces te paras, quedo,

... son doce toros, doce,
como rezaba el cartel,
y solo el que lo conoce
siente en la piel el roce
del pánico más cruel,

cuando dices ¡buenos días!
ya no hay ningún chiquero,
y ahí empiezas, ¡qué ironía!
a tirar de valentía... ,
cuando ya no hay burladero,

y de pronto y de repente,
ya toreaste al primero,
y agradeces al docente
que fue contigo exigente,
y dándote caña enfrente,
te empezó a hacer torero,
que alguien te recomiende
( ese Trueba, caballero, )
y el ¡aguanta! de esa gente
que son ya mis compañeros,

y ya terminó la corrida,
y recoges el capote,
y tiras pa´ la salida,
con la talega zurcida,
aunque nadie te lo note,

con el pulso en estampida
y el corazón dando botes,
con la faena cumplida
... y cara de carajote.


Mirando a la Torre Eiffel, o a la gente de OTTO WALTER.

Yo odiaba la Torre Eiffel,
en frente y desafiante,
cuando allí en el ring aquel
mi vista se iba al cartel
mientras me ataba los guantes,

yo la miraba y la odiaba
cuarenta veces al día,
porque era donde miraba
cuando ya no me acordaba
de lo que aquel guión ponía,

era un dibujo por fases
de cómo se fue construyendo,
de cómo la torre nace,
de cómo cambió el paisaje
y fue creciendo con el tiempo,

y ahora la veo distinta,
... como una compañera,
que me escribió grande, en tinta:
¡en esta vida sucinta,
te hará llorar quien te quiera!

y tiene toda la pinta
que ellos son raza extinta,
que aquí no entra cualquiera.