Poemas y Retratos

A Lucía Cela, o el peso de Napoleón.

Dos ojos siempre al acecho,
un cinto cargado de balas,
a cargo de los pertrechos
pa´ que todo quede hecho
esta eterna generala,

en la esquina más oculta
suele apostar su caballo,
desde allí todo lo ausculta,
luego condena o indulta
(más lo segundo, subrayo)

te mira con media mirada,
siempre tiene algún detalle,
baja al campo de batalla
para ver que nada falla
y sin que nada soslaye,

y cuando se marcha su paje
sueña en hacer las maletas,
colgar de una vez el traje,
ver a sus hijos y nietas,
contemplar el oleaje 
sentada en la playa, quieta,

bajarse ya del caballo,
buscar dónde bien atarlo,
recoger a su guayabo,
y decirle de soslayo:
¡¿vivimos la vida, Carlos?!










A José Carlos León, un tipo NVOGA.

Es como Agustín Bravo
pero en versión afable,
tiene, y ya casi acabo,
un coche con dos lacayos,
un pañuelo de soslayo
y un traje siempre impecable,

tiene su pelo blanco
brillante como patena,
y Marbell Center bajando
ha montado su tabanco
con luz por todos los flancos
a diez metros de la arena,
donde creo lo está petando
y que ha valido la pena,

empezó con la Krystina
y fue aprendiendo el oficio,
y se tiró a la piscina
y hoy el sector lo domina, 
(por lo menos a mi juicio)

no sé más de José Carlos,
así que yo ya termino,
hoy me puse a recordarlo
porque solía saludarlo
cuando éramos vecinos,
acostumbraba a encontrarlo,
¡cuántos "hola" nos dijimos!