Poemas y Retratos

Del Atleti

Hoy fui a ver a mi equipo
ya que estaba por Madrid,
yo siempre fui de esos tipos
que viendo al Atleti flipo,
con mis indios, a morir,

empezamos con zarpazo,
... perdíamos uno a cero,
y vi un niño en el regazo
de uno de esos padrazos
con pinta de caballero,

¡Hijo, no es el resultado
por lo que todos venimos,
es ese sufrir con agrado
al que estamos tan atados,
por lo que un día nos unimos,
da igual si hoy no ganamos,
da igual si hoy no llegamos,
... es disfrutar el camino!

de pronto suena Sabina
por un bafle en un costao,
y saliendo de la esquina
un pase con vaselina
y ya ha empatado Joao,

y al terminar el partido,
el niño se gira al verme,

y va y le dice al oído
a ese padre renacido:
¡no vengas más sin traerme!









La quiero

La quiero porque es sencilla
y ella nunca te defrauda,
yo a su lado soy colilla,
más quemao que las gomillas
que servían de patilla, a
las gafas de Niki Lauda,

la quiero desde hace mucho,
la verdad ya ni me acuerdo,
como la trucha al trucho,
cuando era un niño flacucho,
y un día nos dimos un muerdo,

la quiero porque me aguanta
y a cambio no pide nada,
por su garbo y por su planta
porque le gusta y le encanta
el agua del mar salada,

la quiero porque un buen día,
siendo aún dos niñatos,
en un bloc que yo tenía
me escribió unos garabatos,
que eran aquella poesía
que Benedetti escribió un día,
esa de HAGAMOS UN TRATO.













A Madrid, el gigante dormido

Abejas que vienen y van
dentro de una colmena,
cada una con su plan,
cada una en su zaguán
cada cual con su faena,

cuatro millones de abejas
pululando por sus calles,
mientras la vida refleja
la prisa sobre las tejas
si no te pierdes detalle,

Madrid es gigante dormido,
que mejor si no despierta,
a gusto con sus ronquidos
después de comer cocido
con la boca medio abierta,

para todo hay que esperar,
y lo hacen sin pereza,
para comer, para andar,
para abrir, para cerrar,
para pedirte en un bar
un vermú o una cerveza,

el mejor mercao de España,
tres vuelcos en Cuchilleros,
... La Latina, Malasaña,
un estanque sin barquero,
y en una zona aledaña
un museo al que venero,
donde en vez de musarañas
hay cuadros pintados con maña
que tienes que ver con babero,

y en medio de todo el bullicio,
del estrés y del gentío,
tres violinistas con vicio,
tocando con arte y oficio
sus notas en el vacío,

y yo, que aún soy novicio,
y me desplazo perdío,
me apoyo en un edificio
y buscando un buen resquicio
escucho perdiendo el sentío.