Poemas y Retratos

Al Polideportivo Paco Cantos de Marbella

Colgando de una cornisa,
... una última atalaya,
un sitio donde ir sin prisa,
un lugar con buena brisa
y se otea el mar y la playa,
y donde un Gil en camisa
quiso construir morralla
y una Marbella insumisa
salió a la calle precisa
y ahí no tiró la toalla,
e hizo los planes trizas 
de aquel proyecto canalla,

el mar siempre liso y plano,
el sol que brilla y destella,
Gibraltar a contramano,
creo que no hay sobre plano
mejor vista de Marbella,

... y si giras la mirada
tienes toda la montaña,
la Concha y la Cruz pegadas
compraron asiento en Grada
pa´ ver cómo el sol se baña,

una pista de frontón,
un rocódromo en la esquina,
cien niños armando follón
pues solo hay un balón
y hoy acudió la afición
de toda la zona andina,

y en una esquina del bar,
un sabio detrás del humo,
un tipo con quién charlar
... y regala sin cobrar
relatos siempre oportunos,

... un paraíso peculiar
para el siglo veintiuno.




A don Manuel Martín, o a la orilla de Pedraza.

... luce calva y bigote,
y de entrada ya te llega,
es como un don Quijote
que sin que nadie lo note
nunca te pone una pega,

y tú te preguntas por dentro,
la profesión de este artista,
y él te inspecciona lento
y va levantando su vista,
y te dice tan contento:
¡mire usted, yo fui taxista!

fue taxista de por vida,
pululando por Madrid,
con la espalda dolorida
cruzando por avenidas
sin descansar ni dormir,

hoy es jubilado sano,
manitas empedernido,
que solventa con sus manos
y sus tablas de decano
cualquier roto o descosido,

dos mil millones de millas
a través de su volante,
y ahí tienes a este tirillas
que se aupa en una silla
con su cómodo talante,
¡qué bueno, qué maravilla
que con tanto pacotilla
haya caballero andante!



A Jorge Iglesias, el Gandalf elegante

Es un Gandalf sin melena,
un señor de los de antes,
con una voz que resuena,
un tipo que vale la pena 
y nunca te hace un desplante,

tiene aún joven la mirada,
sabe callar y escuchar,
las rodillas destrozadas,
un traje con mil cornadas
que aún no quiere colgar,

toca instrumentos viejos
canta como en el medievo,
y siempre me da consejo:
¡que mis visiones, pendejo,
condicionan qué me llevo!,

sus Jaime, Pedro y Rocío
a los que ya no ve el pelo,
y aunque ya no hay griterío,
aún no hay nido vacío...,
María aún le quita el frío
y siempre le queda su Chelo,

es un Gandalf sin melena,
un señor de los de antes,
que en las tardes de faena,
... cuando la plaza resuena,
aún no hay toro que le achante.