Si en un futuro lejano
Alguien recoge el tapete,
lo hará estirando su mano
y metiendo al ser humano
de nuevo en el cubilete,
le dará por revisar
supongo sus pertenencias,
y así poder valorar
si además de respirar
tuvimos algo de esencia,
Y quitará los Me Gusta,
aunque sean 3000 millones,
verá que no tienen pulpa
que es una forma insulsa
de expresar las emociones,
y guardará las palabras,
los mensajes y los mimos,
esos que siempre guardas
en algún sitio escondido,
y hará de nuevo dos tablas,
con lo que nos escribimos,
y abrirá de nuevo el agua,
e irá leyendo con calma,
lo que un día nos dijimos.
A Órfilo no lo conozco,
pero es amigo de amigos,
así que hoy desenrosco
la pluma y monto el quiosco
y voy a ver lo que digo...
un currante de ingeniero
con planos, plotters y casco,
y planchado en el ropero
un karategui torero
pa´ bajar al burladero
haya sol o haga chubasco,
una cámara de fotos
siempre dispuesta a enfocar,
un Nacho de copiloto
( un tirillas terremoto )
en edad de no parar,
un tipo que hace versiones
a la guitarra y al piano,
y le echa dos cojones
y arrincona en los rincones
a un bicho de esos insanos,
un tipo que ha decidido
después de esta puta pandemia,
luchar y luchar, sumo y sigo,
con el mundo por testigo
con la jodida leucemia,
con su cinto bien ceñido
y el cariño de su Zenia,
yo estos versos le he zurcido,
con respeto y con la venia.
Era una niña riojana
que llevaba una lechera,
y cantaba siempre ufana,
en esa edad temprana
en que eres feliz de veras,
pero un día por el monte
el lobo se le acercó:
¿quieres ser mi consorte?,
espero que no te importe,
... seremos felices los dos,
y a partir de aquella fecha
no fue feliz casi nunca,
y lo que era una sospecha
prendió despacio la mecha
(la vida a veces se trunca)
y ella vino a esta vida
para cuidar del rebaño,
y dentro de su guarida
no entre el lobo a escondidas
y no les hiciera daño,
yo la recuerdo riendo
bajando Valentuñana,
parece que la estoy viendo
luego en La Concha leyendo
mirando por su ventana,
regando su eterno vergel
que asomaba a la piscina,
y allí en el rincón aquél
con Candi al atardecer
las dos juntas en la esquina,
y vimos su último aliento
los tres que estuvimos allí,
y yo esto no me lo invento,
lo cuento porque lo vi,
y vi como ella, de dentro,
nos hizo esperar un momento
y luego la vimos partir
diciendo: ¡ quedaos contentos
y estad tranquilos por mí !
PD:
y si fuera otra vez niña
no llevaría lechera,
pasearía un simple globo,
y no iría por la campiña,
y así de forma certera
esquivar al puto lobo.