Poemas y Retratos

A Francisco Montero (engordar para morir)

... él llegaba a su despacho cada día,
dispuesto siempre a dar un buen servicio;
pero ahora solo encuentra la apatía,
malas caras, los reportes, la agonía,
problemas que encontraron un resquicio.

Antaño no pasaban estas cosas,
en el banco se curraba y disfrutaba,
tampoco aquello era color de rosas,
pero sí pasaba una cosa curiosa:
los problemas en la ofi se quedaban.

Y ahora llevas siempre mil mochilas
subiendo por la calle Huerta Chica,
y llegas al Mercado y lo enfilas,
en tu casa tu mujer no esta tranquila,
por mucho que le cuentas y le explicas.

Y tú sientes que todo lo que sabes
se pierde por la falta de paciencia,
de aquellos que sitúan sucursales
sin oír a quien conoce los locales
y tratan de ayudar con su experiencia.

Y al final todo esto tiene pinta
que es mejor callarse y dejarse ir,
tirar de mano izquierda y de finta,

lo tuyo es ya una raza extinta
que dejaron engordar para morir.









A Iván Sot Jr. y Sr. ( ganando la batalla )

Iván es un crack de la vida,
que ya en la misma salida
trajo un chasis numerado,
va en su silla a todos lados,
y es un conductor suicida
con la dirección asistida
que su padre le ha montado.

Es un hacha en la consola,
un genio en los videojuegos,
son dos cosas que le molan,
nació con esa aureola
que solo tienen los buenos,
y dicen que surca las olas
cuando el viento en puerto rola
y Aurelio se pone el neopreno.

Tiene un padre duro y tierno
que será su amigo eterno
y va a todos lados consigo,
y en quince días alternos
lo acompaña hasta el Materno
donde Iván ya es un amigo,
... y un aparato moderno
que le ayuda mientras duermo:
Iván es todo un portento 
de talentos, sumo y sigo...

y en un corazón isotermo
un buen alma por castigo.







A Manuel Campuzano Rodríguez ( despidiendo al Almirante )

Corría, creo, el mes de enero
del año setenta y siete,
y un futuro marinero…
empezó entonces primero
trabajando de grumete,

Entraste siendo un niño
y te subiste a la vela,
y te ganaste el cariño,
los abrazos y los guiños
de aquella buena de Adela,

Hoy eres un ducho almirante
que por fin ya se licencia,
tienes un trato elegante
y siempre fuiste el garante,
con tu bendita paciencia,
de enseñar al principiante,
con tanto cuidado y arte
que es imposible olvidarte,
pues sería una insolencia,

Tienes un don extraño
que hoy día ya no se estila:
reprender sin hacer daño,
y elogiar sin un engaño
con un aje que te rilas,

Y ahora es Mateo el que toca,
mientras yo me voy al lavabo,
… y con el alma bien rota
me echo colirios y gotas
a ver si el cliente no nota
que hoy el día es más aciago,

Porque nuestra chirigota
amaneció hoy medio rota
y ya te extraño, Guayabo.