Ha tiempo nada me sorprende , ha tiempo no me sorprendo con nada, sabrás entonces, por ende, que hoy me encontré con un duende que vino de donde las hadas. Al cabo de un buen rato de asado, tira y buen tinto, me ubico y después me percato de que estoy ante un beato, ... un héroe raro y extinto. Me da su arte y su chanza sin contarme su odisea, como un noble Sancho Panza que agota sus esperanzas bailando con la más fea, Señor a la antigua usanza, de una vetusta ralea. Te da su charla y su risa, su whisky, su vino, su tiempo, y de una forma imprecisa aún rezumaba la brisa que subyace ante el tormento. Y lo veo girar la esquina con el mundo por montera, y lo guardo en mi retina. Hay gente vulgar y anodina, y hay gente valiente de veras.
Poemas y Retratos
No dejes…
No dejes que te hagan nunca daño, no dejes que te digan lo contrario, no dejes que se vayan vida y años, no dejes de llenar el calendario. No dejes de tener siempre ilusiones, no dejes de querer siempre a la gente, no dejes que te toquen los cojones, no dejes que la birra se caliente. No dejes de reír si te apetece, no dejes de quedar con los amigos, no dejes de mirar lo que se cuece, no dejes..., nunca dejes: sumo y sigo. No dejes de besar si te dejaran, no dejes en tu alma un "se vende", no dejes que te digan los majaras, no dejes porque ellos no lo entienden. No dejes de vivir y disfrutar, no dejes de dejar más que te llevas, no dejes que te dejen de dejar, no dejes de brindar siempre que bebas.
La pelota y el PC (a los workaholic)
Hoy, al acabar la jornada, limpié de mails la bandeja, hice una criba en Entrada y al levantar la mirada vi aquella pelota vieja. Debe de haberse caído hoy de la estantería, ha salido del olvido pa´ recordarme que el nido de pronto se nos vacía. La miro y veo a mi hijo cuando me decía ¿bajamos? ... y yo repetía fijo: ¡termino una cosa y jugamos! Pero yo nunca bajé y hace poco se marchó, se hizo mayor y se fue, dejó su pelota y cerró. Y yo hoy daría media vida por coger esa pelota y antes que me lo pida, con apariencia fingida, atarme a su vera las botas, y lamerme las heridas a ver si él no lo nota. (La ocasión está perdida, las opciones son remotas)

