Poemas y Retratos

Llegué a las puertas del cielo, me cachearon en la entrada

Llegué a las puertas del cielo,
me cachearon en la entrada,
me quitaron los desvelos,
la casa, el coche, el dinero,
las tonterías, las bobadas,
... si he de serte sincero,
no me dejaron nada.

Lo único que te dejan
son los ratos que has vivido,
los hilos de la madeja
que con tus manos ya viejas
en esta vida has tejido.

Los besos y los abrazos,
las caricias y las risas,
aquellos telefonazos
en que te diste el gustazo
de llamar a alguien sin prisa.
Los brindis, los momentazos,
tus niños en tu regazo,
el partirte la camisa,
aquellos primeros flechazos,
los corazones de tiza.

Los ratos con los amigos,
aquellos atardeceres, ...

Los "tenía que haber ido",
los "quiero llamar y me olvido",
puedes tirarlos si quieres,
allí San Pedro y Cupido
ya no te mandan deberes.









A Manolo, o la envidia de Hemingway

Era un tipo autodidacta,
de esos que nunca se rinden,
que te embestía con las astas
y no sabía decir ¡basta!
si hablabas de vino los findes.

Rebosaba de pellejo,
y era un tirilla canijo,
pero si hablamos de hollejos,
... Manolo era, de lejos,
nuestro sabio más prolijo,

En cuanto llegaba el viernes,
se acercaba a su bodega,
cogía cualquier vino en ciernes
y nunca le deja que hiberne,
ya lo ha servido el colega.

De todos los vinos sabía
y a todos se encomendaba,
y después que los bebía,
contigo los compartía
y te los recomendaba.

Dicen que a Ernest, en el lecho,
lo vieron un día hablando solo:
¡no hay nada que no haya hecho,
soy famoso por derecho
y me voy sacando pecho,
disfruté más que el Pocholo!

¡solo estoy insatisfecho
de que hubiera tocao techo
... de abrir una con Manolo!


A David Bravo (mirando al Norte)

Tenían una tienda en las Peñuelas,
los tiempos en que yo subía la cuesta,
cargado con mis libros a la escuela,
sumido en una triste duermevela,
sin ganas de escuchar a la maestra.

Se hizo experto en fundas para dientes,
y vino de Madrid con sus estudios,
pero un día le dijeron ¡vente!,
y decidió seguir a aquella gente
y dejar a los dentistas, sin repudio.

Y un día frisando los cincuenta
como dicen que tenía don Quijote,
cogió un buen día a su parienta,
y juntando la sal y la pimienta,
templaron con buen éxito el capote.

... y hoy tienen a Lucas y a Lucía,
creo que es feliz con su consorte,
y dicen que regentan con maestría,
una mezcla entre taberna y sidrería,
un sitio chulo al que han llamado Norte.