Por eso hay quien ensarta ripios malos, por eso hay quien escribe versos buenos, por eso va delante siempre el rayo, por eso tarda un poco más el trueno,
por eso va la gente y vuelve a verlo, por eso vienen tres generaciones, por eso tiene la voz de estraperlo, por eso no mueren sus canciones,
por eso se extinguen otras letras, por eso se olvidan los cantantes, por eso se recuerdan los poetas, y por eso Sabina es el más grande.
Luce una sana sonrisa de dibujos animados, dicen que vive sin prisa y que el móvil no la avisa porque lo tiene apagado,
que siempre está si hace falta, que fuma cual camionera, que una birra siempre encarta, que luce en una pancarta: ¡aunque whatsapp no comparta, yo soy tu amiga sincera!,
y esperando el ascensor un día por donde la RESA se asomó por la rendija,
y me dijo ¡oiga señor, yo soy amiga de esa que yo creo que es su hija!
Uno entre seis hermanos, familia de comerciantes, un trato afable y humano, un tipo de esos campechanos que heredaron buen semblante,
te atiende en el Mediodía, anda entre ostras y cavas, y encontró la melodía del que sabe la ironía de que lo bueno se acaba, y si no, es que no valdría, no valdría nada de nada, es por saber que expira que esta vida se te clava,
entre las mesas dibuja su ritmo, que nunca para, y es domador de burbujas que es profesión de las raras,
viene encima a mis poemas y me agradece la tarde, ¡era una tarde de pena y tus versos me serenan, escucharte no fue en balde!