Ya no llena los aforos que llenaba con Sabina, le entra el arte por los poros, calla hasta por los codos, te saluda en cada esquina, y tiene el genial decoro del que no juzga ni opina,
un señor en una silla que acaricia una guitarra, las letras de carrerilla y cuenta de forma sencilla las anécdotas que narra,
si escuchas atentamente y cerraras bien los ojos, ves que lo adora la gente, y que hace un Wizink Center a partir de los despojos,
yo no sé si habrá fumata o si el tiempo rebobina, yo no sé si hay Fe de erratas, yo no sé de qué se trata o si hay por medio inquina,
mas no habrá quién hoy debata que Pancho es, de forma innata, la guitarra de Sabina.
Tiene aún esa mirada de quien ha visto la muerte, y como tenía coartada fue inocente declarada y fue absuelta finalmente, sabiendo que lo que no mata te hace al final más fuerte,
un doctorado en doctora, un Forrest Gump excedente y necesitan sin demora un perro de esos que llora y que es mejor que la gente,
y tiene entre sus efectos a Bukowski, Yeats, Neruda, y algún poemario selecto por si un día le entraran dudas,
y junto a Whitman y sus hojas guarda Rosa una Regenta, y entre la mesa coja y la alfombra magenta hace hueco y desaloja pa un VíctorHugo70.
Si un guiri llegara un día y viera a estos cinco tipos, lo primero que diría es que esa melodía le recuerda a los Sex Pistols,
cinco colegas viejos, viejos no por la edad, viejos desde el colegio, viejo es el privilegio de mantener la amistad,
Kortatu entre bastidores, puede también que The Clash, Madness hasta que llores Housemartins por Miraflores, Pop, Soul, New wave y Ska, Ska pero sin empujones, estos son los Briatore, no digo que lo mejores,
solo digo que valores si tú puedes igualar cinco niños ya mayores sentados encima del mar.