Poemas y Retratos

A Marijose y Andrés

Ella se llama Mariajo
y trabaja de enfermera,
no duerme un puto carajo,
y si no está en el trabajo
te la encuentras de lotera,

Él se hace llamar Andrés
y tiene un Skoda Fabia,
un empleo de siete a tres,
y ahí donde tú lo ves 
es el tipo con más labia,

Ella es mitad país vasco
y mitad Extremadura,
maneja viales y frascos
y nunca le dio ningún asco
remendarte una sutura,

Él sigue empalmando cables
para viviendas de lujo,
tiene un trato harto afable,
y si dejas que te hable
tiene pilas recargables
y la sapiencia de un brujo,

Los conocí hace ya tiempo
allí en mi urbanización,
y ahora tengo, y no te miento,
atención medica al momento,
en verano alojamiento,
seis décimos y un cupón,
aquel Peter Pan del cuento

.. y nunca se baja el telón.

A Antonio López Reina, mi Abuelo

Allí por la Calle Espinel 
Antonio jugaba de crío 
y lo pasaba de muerte, 
como hacían los niños antes. 

Al igual que D. Miguel, 
vivió al libre albedrío 
pero nunca tuvo suerte: 
en eso fue otro Cervantes. 

Ciento trece ha que nació. 
Hoy pedí por Amazon 
que a él le hagan llegar, y
 lo hagan con destreza 
en algún rincón del cielo, 
... su tabaco de liar 
y dos quintos de cerveza 
con las marcas aún del hielo. 

Mi abuela está en la cocina, 
hoy consiguió una gallina 
y en el alba hizo fideos. 
Con un poco de Jerez 
hará un buen consomé 
para chuparse los deos; 
con Sole y con María Inés. 

Mi abuelo las ve desde el fondo 
y sabe que algo ha cambiado 
¡Papá puse a Marcos Redondo, 
el de Kraus está rayado! 

A eso de las cuatro 
las tres cierran la puerta. 
Mi abuelo se ha echado un rato 
y ronca allí a boca abierta. 

Luego va al cuarto de baño, 
... allí coge su cepillo
y sus cabellos se peina 
sonriendo ante el espejo. 

Señor a la par que sencillo, 
D. Antonio López Reina, 
un abrazo desde lejos.




A Antonio, Serapio y Juanjo IN MEMORIAM (a mi padre)

Hasta hace pocos meses,
desde que era un mequetrefe,
me daba la bienvenida...
mientras me gritaba ¡ Jeeeefe !

Siempre ejerció de banquero,
con más cifras que en el fisco,
añorando los senderos,
y subiendo al Calvitero
dejarse caer por los riscos.

Echo de menos su voz
y tomar con él un vino.
Decirle que fue un honor
el tenerlo de padrino.
Y solo pedirle perdón
porque un tonto como yo
dejé de marcar el botón
para expresarle mi amor
porque no andaba muy fino.

Años ha que no lo veo
y hace un tiempo se marchó.
Estará en el cielo, creo,
si allí es dónde van los buenos
pues Antonio era un señor.

Habrá estado paseando
(salió temprano con Juanjo),
y bajarán muy despacio
con sus gorras para el fresco
y sus varas de naranjo.

Y llegando al Castañar,
mi padre estará esperando,
allí sin parar de fumar, 
bebiéndose un Bitter Kas
mientras se van acercando.

Dos chatos y dos de jeta
para unirse allí a su hermano,
que sin gorra y con chaqueta
los lleva allí aguardando
ya casi treinta veranos.

Y después de un calderillo
los tres volverán al cielo.
San Pedro les dio un rinconcillo
para que estos tres hermanos
no se echen más de menos.