Poemas y Retratos

A Juan Camarero González ( entre niños y peroles )

Tenía la frente desierta
y dos ojos bien saltones.
Tenía la mirada despierta
y era una persona abierta.
¡Siempre se van los mejores!

Tenía una voz prominente
como de cabo o sargento,
mujer e hijos decentes,
y de pronto y de repente,
el azúcar en quinientos.

Tenía una cara bien dura
y te hacía caso omiso
cuando llegaba la cura.
Y por Marbella aún perdura
su toque para los guisos.

Tenía, y lo sigue teniendo
su vendaje y su bastón,
y allí donde el cielo eterno
dicen que lo anda blandiendo
si alguien quiere su sillón.

Y tiene por estos caminos
a los cinco y su Pepita,
nietos, amigos, sobrinos:
¡ lo que se da, no se quita !

Y éste, y con esto termino,
al que Ud limpió de espinos
y me dio dos palmaditas.

Si algún día va al endocrino
... y le pilla de camino,
le espero en La Morenita.

A César Martínez Aranguren ( jarto pelos )

Tengo yo un amigo, César.
de profesión peluquero,
que no quiere más pelar
ni ganar ya más dinero.

Verlo pronto yo quiero
viajar por el mundo entero,
buscando siempre jarana,
bien subido en un velero
o en una auto-caravana
y allí o en su propio barco
hacer lo que venga en gana,
y escuchar tranquilo a Narco,
los Rolling o C. Tangana.

A ver si nos toca algo,
y en cuanto pueda me salgo
corriendo por el portal
y voy veloz como un galgo
y tiro pa´ tu local…,
y te digo desde fuera
lo más fuerte que pueda
¡Deja ya las tijeras !
¡venga, quillo, invita a algo!

A Antonio Martín Arroyo ( Gru, mi jerezano favorito )

Este era un Gru hinchao
un pequeño saltamontes,
un soldador jubilao,
un niño en cuerpo de hombre. 

Un delegado de ascensores
que vivía en la planta baja,
un tío con dos cojones 
dispuesto a romper la baraja.

Un tío que sigue su fila,
su honor, su meta y su rumbo,
y tiene una mochila
que se cuelga de la axila
que no cabe ni un gayumbo.

Y aunque no le gusta el vino,
es una grata compaña, 
con un arte sibilino
oriundo del Sur de España,
y tiene un arte muy fino
pa´ saber si alguien te engaña.

Este era un Gru hinchao
en la Ciudad del Caballo,
con un corazón a un lao
que le entraba de soslayo,
y su Ana a su costao
a la que entró de trasmallo
un cáncer al que han pillao
y al que han venció como un rayo.

Con gente de este calao
si ellos hablan, yo me callo.