La primera vez que hablamos
ya estaba buscándome piso,
me trato como un hermano,
me dio su ayuda y me quiso.
Y allí por José Laguillo
se le caían las tarjetas,
y escuchando el pinganillo
me decía: ¡Ahí, Chaqueta!
¡Tenemos que ir rapidillo,
la sobrina de Carrillo
ya me espera en Las Piletas!
Nunca vi a nadie currando
con más tesón ni denuedo,
yo, si he de serte franco,
con ese ritmo no puedo.
Y las prendas no me duelen
ni tengo porqué echar flores.
Yo en Arjona, siete y nueve
pasé mis años mejores.
Hoy tiene un Cajón del Tesoro
de chocolates del loro
en un rincón del altillo.
Que sobrepasa el aforo
y ella guarda con decoro
con recuerdos a porrillo.
Y aún no lo sabe el Frodo
(mi Pepa tiene el anillo).