Qué duro es volver a caer,
verte a los pies de la cama,
saber que no sabes qué hacer,
saber que no tienes ni ganas,
mirar hacia el fondo y no ver,
lleno de miedo y de canas.
No sabiendo si uno emprender
por si acaso nadie llama.
No sabiendo
por dónde veré amanecer,
... abriré
todas las ventanas.
Por la ventana del cuarto
en que dormía yo de crío,
miraba yo a otros tantos
encendidos como el mío.
Soñaba con ver el mundo
sin que siguieran mi pista,
sin perder solo un segundo
correrlo de arista a arista,
y como el bueno de Edmundo
fugarme de aquella isla.
Hoy hecho la vista atrás
y veo que aprendí muchas cosas.
Salud, familia y amigos,
lo demás...es una losa.
Al final viajé yo tanto
buscando el Santo Grial
para acabar en el cuarto
en que dormía de chaval.
Y me tumbo recordando,
mirando tranquilo al techo,
los amigos que entretanto
en estos años yo he hecho;
y que siguen como Sancho
a este Quijote maltrecho:
si caigo, me van sanando
y recogen mis pertrechos,
Y de venta en venta, andando,
me traen de nuevo a este lecho.
No quiso ser palangana
y se hizo bético por duelo,
su madre se llama Ana,
su padre Andrés Carmelo,
tiene una abuela en Triana
y otros tres más en el cielo.
Tiene pinta de sagaz,
y sientes cuando te mira
que usa solo la mitad,
que pa´ ver de los demás
lo importante de verdad,
con un vistazo es capaz
y lo que no importa lo tira.
A veces es karateka,
a veces es diputado,
y otras en San Gonzalo
cantándose una saeta
lleva el paso a los hermanos.
Y a veces te hace una mueca
y pincha con la muleta
la cicatriz tan coqueta
que en el sofá ha dejado.
Ojalá gobierne España
más bien pronto que tarde,
y con su tiento y su maña
empiece a meter cizaña,
… y si no que Dios nos guarde.