Me recibía siempre ufano, vestido de anestesista, con su trato campechano quitaba carpetas y planos, y en su mesa de escribano me despejaba una arista. Boticario hiperactivo, motivador de soslayo, optimista por castigo y sanador de caballos. Por si un mal día las moiras lo hicieran cruzar el Hades, ya se sabe de memoria lo de las Cuatro Verdades, y domina la oratoria como Séneca o Melquiades. Cordobés y hombre de bien parece que queda alguno resguardado en mentideros, Si huyes del todo a cien y del tertuliano bajuno, vete a Cinco Caballeros Sabrás quién es por la sien, por su pinta de tribuno y por reírse el primero.
Poemas y Retratos
A Arturo Pérez-Reverte
A mitad del siglo veinte y en tierras de Cartagena, parieron a un niño prudente con sal del mar en las venas, que a resguardo del relente leía un buen libro en la arena. Bebió de Hergé, Quevedo, Stevenson, Meville o Conrad. Luego empezó con denuedo a escribir bellas historias. Es mucho placer el que debo, y yo soy un hombre de honra. Yo envidio a los Mosqueteros, que se batían en camisa, a aquel Capitán que persigue la ballena blanca aprisa; pero más a Scaramouche, y su eterno don de la risa. Estos ripios inmaduros yo le envío a la Academia. Sólo ¡Gracias!, don Arturo ya sé que el tiempo le apremia. No tengo Facebook, ni muro, mas me atrevo, con la venia. Puedo ver que, tras la espuma, ya recogió todo el trapo. En el regazo un buen Dumas, dispuesto a pasar un gran rato. Ya puede incendiarse la aldea, y ya pueden tocar a rebato.
Mi Amiga
Yo tuve una amiga muy rara que nunca estuvo a mi vera, me volvía a ratos majara y salía por peteneras. Pasaba de mí tres pueblos, y cuando ya me olvidaba, haciéndome otro requiebro me venía otra vez de cara. Entendí que era más lista, más libre y más asueta a nunca pasar revista e ir por la vida discreta. Y en los tiempos del despojo, cuando yo perdí mis fueros postrado en una camilla, guiñándome entonces un ojo la vi cambiándome el suero y darme un beso en la mejilla.

