Poemas y Retratos

A Alicia Sánchez (o subiendo peldaños con Claudia)

Cuando cambió de colegio
mi hija anduvo algo sola,
subía con su porte regio,
y haciendo como un sacrilegio
se colocaba en la cola

Y entonces hizo una amiga,
debían de tener cinco años,
hicieron muy buenas migas,
no se han hecho nunca daño,
y aquella amistad, qué fatiga,
perdura como oro en paño.
Me alegro, ¡Dios la bendiga
y queden muchos peldaños!

Alicia hace caso omiso
de aquello que la dirija,
encuentra el modo conciso
de escapar por la rendija,
el conejo anda sumiso, y 
no hay reloj que ya le aflija,
pues firmó un fideicomiso
antes que ella se lo exija.

Arriba, en el tercer piso,
tenemos nuestra otra hija.
(Esto escribí de improviso,
y que el tiempo lo colija).


Quinceañeros confinados

      Una mierda pa' Romeo
      y un mojón para Julieta,
      ha quedado en un tebeo
      aquella famosa vendetta
      en estos tiempos tan feos
      con la gente en casa quieta.

      Yo hoy me quito el sombrero
      por los novios confinados,
      que sólo dicen ¡Te Quiero!
      si el otro se ha conectado,
      y más si son quinceañeros
      y hace poco han empezado.

      Si Shakespeare se levantase,
      seguro les pone un twitter,
      ¡Paco, porfa tú haz las paces
      ... Y María, tú no te irrites!

Oda al Cuñao (¡Vuelve a casa por Navidad!)

 Si tiras de hemeroteca
 es recurso suculento,
 lo menos dos mil carpetas
 … en redes sociales peta,
 te lo juro y no te miento
 
 Y hablo de ese cuñao
 que siempre defenestramos,
 el que se sienta a tu lao
 si en Navidad nos juntamos
 y entre pavo y mantecao
 de cuñao ha pasao a hermano.
 
 El del chiste aquel del loro
 que ya no tiene ni plumas,
 el que pimpla sin decoro
 seis cervezas con su espuma
 y otras tres de Emilio Moro
 sin probar las aceitunas.
 
 Hablo de ese que este año
 tanto echaremos de menos,
 cuando con rictus huraño
 a la mesa nos sentemos,
 saliendo del desengaño,
 sabiendo que hiciste daño
 y el chiste del loro era bueno.
 
 Y así las fiestas que viene
 no seré quien te recuerde
 que uno no sabe qué tiene
 hasta que un día lo pierde.