Pasa las noches en vela aguantando a clientes varios, ni duerme ni se desvela, alterna el ser centinela programando en la cancela con el código binario,
once años de condena por haber cruzado el charco, once años que le quedan para cortar sus cadenas y poder zarpar el barco,
nos cruzamos varias veces en lo que dura la noche, si la ocasión lo merece, mientras la noche oscurece y sigue entrando algún coche,
te mira con ojos agudos, sin descuidar la marmita, y entre saludo y saludo da consejos siempre agudos contra la pena y la cuita,
vuelve a pisar el felpudo, vuelve el sabio a la garita.
La llevan en furgoneta y se coloca en su puesto, siempre lleva una coleta con la que el pelo sujeta y lo defiende del viento,
... monta un tenderete donde vende sus cupones, y tiene justo en frente un muñequito verde que es el paso de peatones,
el muñeco anda derecho y ella lo ve caminar, ella y su cuerpo maltrecho en que todo son repechos y le cuesta más andar,
y lo que ella desconoce es que el muñeco la admira, porque él mismo reconoce que ella trabaja con goce y que nunca se retira, con su peto de la ONCE, con sus cupones en tiras,
hasta que llega su coche ... y le retiran su silla.