Paula Santana espera... a que vuelva al fin el Tito, ya sacó la silla afuera, ya se ha sentado en la acera, donde él pegaba gritos,
cuentan que está emocionada y que lo echa de menos, y que se acerca encantada a ochenta como si nada y que los lleva serenos,
y sabe que cuando él llegue, va a llegar algo más viejo, que habrá hecho los deberes, que traerá tres churumbeles y una mujer que le quiere, y le dará este consejo:
siéntate conmigo y cuenta ¿conociste mucha gente?, y di a VíctorHugo70 que tiene las puertas abiertas y enfrié una Presidente.
Ya no está aquella escalera que te subía y te bajaba, si de Fortaleza vinieras tendrás que bajar por fuera, pues allí no queda nada,
aquella que fue testigo del ajetreo de la calle, se ha marchado, sumo y sigo, se habrá jubilao, yo digo, y hoy quise darle un detalle,
dicen que es ley de vida, que todo lo viejo muere, la imagino agradecida jugando alguna partida en una mesa de mujeres, con sus cartas escondidas para que no se las vieren,
ya no está Disco 2000, ni tampoco los Lladró, ya no podemos subir, y yo solo quise escribir a la que tanto curró,
En los altos del Mercao un local haciendo esquina, un grifo de birra helao, nueve guiris ennortaos, nueve caras que alucinan de ver que lo que han pagao bajo un cielo soleao pa lo que están acostumbraos no llega ni a la propina,
camareras pululando, a veces hay música en vivo, el arroz lo están sacando, el sol que sigue pegando, a aquellos le están cobrando, cariño me voy acercando a ver si una mesa consigo, y tú ve también empujando que yo sé lo que me digo,
y es como aquella cantina en la que paraba Han Solo, pero no tiene cortina, lo petan en la cocina y a veces hasta hacen bolos,
es lo que el poeta opina, no hay fraude, ni engaño, ni dolo.