Poemas y Retratos

A Joseba Olalde Uriarte, de nuevo en el banquillo.

La primera que lo vi
me dijo ¡esta es mi mesa!,
no se auguraba un buen fin
cuando las cosas así
entre dos tipos empiezan,

pero enseguida cuajamos
en segunda convocatoria,
Jou es un tío campechano,
un vendedor veterano,
el Rod Stewart de Vitoria,

éramos dos chiquillos
y somos dos dinosaurios,
que aún pelean con un cuchillo
por un puesto en el banquillo
y por pisar el estadio,

y este vasco malaguita
siempre está aunque no te llame,
y voy a hacerle un poemita
a este colega perita
que ha sufrido un derrame,

que al lobo le ha visto la oreja,
pero le ha echado coraje,
que esta vida compleja
le ha pegado una colleja
y le ha dicho que se relaje,

que tiene una risa sana,
vaya por donde vaya,
que sino quiere jarana
le pagaré una tisana
a este gamberro canalla,

y que tiene reservada
siempre la contraportada
pa Adrián, Cristi y Amaya.















Poema a Marbella, el mejor lugar del mundo.

Allá donde se cruza el mar y el monte,
donde sale el sol ya por castigo,
allá donde se otea el horizonte
y te imaginas tú de polizonte,
en un barco del puerto deportivo,

allá donde se cruzan mil culturas,
que campan a sus anchas por sus calles,
las casas tienen manos de pintura,
donde el jinete cuelga su montura
pues no quiere perderse ni un detalle,

donde uno se baña en la playa
hasta bien entrado el mes de octubre,
y queda un hueco para tu toalla,
y te llevas el diploma y la medalla
si un día todo esto lo descubres,

donde una marabunta en el albero,
pulula esquivando al contrincante,
los mayores con zapato y con sombrero,
los zagales escuchando a otro Quevedo,
y los guiris con un selfie a cada instante,

donde todo queda eternamente a mano,
donde quedas con tu gente en cero coma,
donde Dios aquel domingo dio de mano,
y dijo aquello de seamos hermanos,
que todos los caminos van a Roma,

y hoy que es domingo y creo que llueve,
y me dio por pararme un segundo,
Pepito Grillo dijo ¿no te atreves?
¡escríbele a Marbella, se lo debes!,
estás en el mejor lugar del mundo.











A Jorge Berisa, 17º, el otro Hugo.

Jorge es un chico tranquilo,
que confundo con mi hijo,
que se mueve con sigilo,
parece que pasa un kilo
o es lo que yo colijo,

pero eso no es verdad,
si le das conversación,
es un tipo pa escuchar,
que hoy crece en edad
al son de Eladio Carrión,

dos ojos sobre la cara,
muy por delante del pelo,
como si te escrutara,
como si analizara
y comparara el modelo,

un pupitre en una clase
con mucho repetidores,
y partiendo de esa base
ha decidido aguantarse,
ya vendrán tiempos mejores,

un balón de baloncesto,
una mirada sincera,
no le he visto un mal gesto,
y yo solo escribí esto
porque es mi regalo modesto
a diecisiete primaveras,

y aunque suelo ser modesto,
Mike Towers no lo supera.