Poemas y Retratos

A José Luis Corrales, poniendo el broche.

Madruga de madrugada,
valga la redundancia,
coge el Focus por la estrada,
coge el mandil y prepara
un brunch con suma elegancia,

llega a casa y coge apuntes,
mientras recoge el hogar,
ha cosido tres pespuntes,
ha cruzado a los transeúntes
y ha hecho de cocinar,

ha echado horas y horas
estudiando una carrera,
empollando sin demora,
cumpliendo el "ora et labora"
con mucha vergüenza torera,

y me cuentan que en Les Roches
ya le han hecho Honoris Causa,
y brindo por ese broche,
y brindo por ese derroche
y por el esfuerzo sin pausa. 



A Antonio Banderas, profeta en su/mi tierra

Nadie es profeta en su tierra
y por eso hay que irse fuera,
sigues firme y te emperras,
aciertas y también yerras,
te llamas Antonio Banderas,

cruzas de nuevo el charco,
y vuelves como el salmón,
pones Málaga en un marco,
tensas tranquilo el arco
... y directo al corazón,

coges un barrio entero
y descorres el cerrojo,
y cerca de el Cenachero
hiciste un teatro de cero
y lo creaste a tu antojo,
y hoy se quita el sombrero
todo el público del Soho,
y Málaga está en el tablero
por tu energía y por tu arrojo,

entre varios restaurantes,
uno pegado a las olas,
una Pérgola elegante,
un después después del antes
del paseo de la Farola,

y dicen que hasta Picasso,
que era el tío más malaguita,
ha parado de hacer trazos,
le ha dado a San Pedro un codazo
y ha dicho ¡vaya gustazo
lo que rodea a la Manquita!,

tengo que darle un abrazo
a este tipo tan perita.




Macondo en Cádiz (a Javier y Nuria)

Hay en Caños un reducto,
un paraíso perdido,
donde me guardo con gusto
el derecho a su usufructo,
y que está medio escondido,

un saloncito austero,
una estancia escondida,
cocina con fregadero,
un cuarto con cabecero
y un porche que da la vida,

jardincito con manguera,
una cancela al edén,
en la vida puñetera,
un sitio que yo quisiera
para colgar el The End,

un sitio bajo una duna,
un mar con mucho descaro,
y a la hora de la luna,
la noche que al mar acuna,
bajo las luces de un faro,

una pareja a su cargo,
que están pero no molestan,
Javier que es un viejo hidalgo
y por si faltara algo
Nuria está siempre dispuesta,

y en este rincón del mar,
cuyo nombre no recuerdo,
volví a descubrir qué es amar,
reír, disfrutar y bailar,
y por eso lo agradezco.