Por el filo de la navaja

 Uno se sienta en la mesa,
 le ponen delante un tablero,
 … dos dados o una baraja,
 
 y luchando por su empresa,
 por su empleo o su dinero,
 estudia, labura o trabaja,
 
 y si ve que al fin progresa,
 le acude un orgullo sincero,
 aunque nunca se relaja.
 
 A veces el miedo regresa,
 un poco de modo somero,
 y vuelve a tomarnos ventaja;
 
 mas la fortuna traviesa
 me viste otra vez de torero,
 me oprime y me resquebraja,
 
 y es que esta pandemia espesa
 nos va a hacer un agujero,
 nos va a sacar las migajas,
 
 y aunque mira que me pesa,
 hoy camino, aunque no quiero,
 … bordeando la navaja.

El sol de febrero (eso sí es arte)

Es fácil tener todo hecho,
vivir sin que falte el dinero,
saber que si falta un pertrecho
seguro que habrá en el ropero,
no conocer qué es "estrecho",
que nunca te pongan un pero,
ser sequoia en vez de helecho
cuando pisan los senderos.

Difícil es ir por derecho,
trabajar de camarero,
vivir y dormir al acecho,
saber que te acucia el casero,
la gente que no tiene techo,
ser colilla en cenicero,
ser de un Quijote maltrecho
su amigo y su fiel escudero.

Y al levantarme del lecho
he de quitarme el sombrero.
Después de tanto repecho
que tuvo la cuesta de enero,
doy las gracias y aprovecho
esos rayitos certeros.
¡Qué arte, y qué satisfecho
que estará el sol de febrero!

Al Camino de Santiago (¡Buen Camino!)

Si estás que no puedes más, 
si estás con mucho trabajo, 
búscate un par de semanas; 
tú hazme caso, carajo.

Si te has quedado en paro 
y no sabes  donde tirar, 
te propongo yo un viaje 
que te lo va a remediar.

Si te separaste tú
o se separó tu pareja, 
ve preparando el petate 
y deja de poner quejas.

Si saliste de algo chungo 
y lo quieres celebrar,
sé de un plan acojonante 
que no podrás mejorar.

Si te ha dejado tu novio
o te ha dejao tu parienta, 
búscate unas buenas botas
y no le des ya más vueltas.

Vete a hacer el Camino, 
el Camino de Santiago. 
Yo cuando tengo tiempo 
es lo primero que hago.

Tú solo tienes que andar.
Da igual sino estás en forma. 
Poquito a poco tu irás 
moldeándote la horma.

Tú te marcas cada etapa,
podrás andar mucho o poco. 
El tiempo que pases andando 
lo agradecerá tu coco.

No estamos acostumbrados
a pasar horas y horas 
pensando tan solo en nada, 
mientras a ti mismo te exploras.

El coco se resetea,
el estrés se va alejando, 
mientras tú, pueblo tras pueblo, 
tras de ti tú vas dejando.

Da igual si es el Francés 
o es el camino del Norte, 
si vas solo o con amigos 
o si vas con tu consorte.

Lo importante es que te lleves 
a alguien que lo disfrute.
Si lo vas a pasar mal
no merece la pena el tute.

Conocerás alguna gente, 
que si merece la pena,
te acompañará siempre: 
como la sangre en tus venas

La gente que allí conoces 
está en su estado más puro. 
Un amigo que hagas allí,
lo tendrás siempre seguro.

Tu único problema,
la única preocupación,
es saber si  esa noche 
tendrás pa dormir colchón.

Ya sea en hotel tú solo,
o en albergue con literas, 
te levantarás como nuevo, 
mejor de lo que te esperas.

Y después del desayuno, 
con tu mochila colgada, 
empezarás la jornada 
pensando en nada de nada.

Y así llegarás a un pueblo
o a cuatro casas pegadas
a pedirte otro café
con un buen par de tostadas.

Seguirás un rato andando 
pensando que es una delicia 
que en todos los bares del norte 
haya Estrella de Galicia.

Le pegarás un buen sorbo, 
y pensarás, te lo juro,
que los mejores placeres 
siempre costaron dos duros.

A coger mochila y botas 
yo desde aquí te animo,
y si al final me haces caso, 
te deseo ¡Buen Camino!