Hace poco en un bareto me impusieron una apuesta, me tildaron de cateto, y yo que no paro quieto accedí de forma honesta, con mi flow y mi respeto pero después de la siesta,
decían que el ChatGPT puede petar ya un poema, y a los poetas que nos den, en tiendas de todo a cien, y quien se pela, se estrena,
y allí me puse en la barra por si las musas llegaban, y a mi lado, en plan macarra, y con los brazos en jarra C-3PO controlaba,
y al final el puto Chat me ganó con sutileza, unos vienen y otros van y la vida sigue igual como decía Julio Iglesias,
pero yo fui a disfrutar, y llegué hasta la final y me bebí tres cervezas.
Era un tipo sosegado, pegado a un cuadernillo, que el mundo que ha contemplado siempre lo ha dibujado desde que era chiquillo,
cuando ya en el Sierra Blanca con un Rotring en la mano, pintaba de forma franca (que nunca dio Salamanca quod Natura no ha prestado),
hoy lleva un block diminuto en un zurrón escondido, y te hace un dibujo impoluto si le dieras diez minutos y lo llevara consigo, y es algo que no discuto porque yo he sido testigo,
fija bien y pone recta una libreta partida, en su cabeza proyecta lo que pinta con la diestra,
luego el dibujo te muestra y en él ha plasmado la vida.