Me fui a una cafetería donde voy de vez en cuando, me dijo que qué quería un tipo que iba y venía mientras iba comandando, me anotó lo que pedía y aún el tipo sonreía mientras se iba alejando, hay gente con tonterías y otros creían que perdían y ya nacieron ganando, y mientras el tipo volvía me dio por ir descifrando la frase que el sobre traía y que yo estaba esperando,
Hoy es el día del libro, hoy veintitrés de abril, aún cojo uno y vibro, y siento que lo desfibro estos días leo a Fabí,
las notas de aquel chaval que soltaba su petate, y se piraba a ensayar, y se juntaba en un bar con "La Leshe que mamate", y se ponía a estudiar, y luego bailaba ska y no le quedaba ni un cate, y luego se iba al mar, y luego se quiso casar con quien las alas le bate, y luego se hizo papá y aquello ya fue el remate, todo eso sin olvidar que puestos a rematar se hizo patrón de yate, y voy a ir parando ya porque esto es un dislate,
volví a los años ochenta, cuando eras feliz con menos, mis amigos, mi parienta, y yo bajando la cuesta que me llevaba al Bar Trébol.
¿Me pone por favor una cerveza?, enseguida se la pongo, caballero, ¿a qué viene esa cara de tristeza?, le tengo reservada aquella mesa, siéntese tranquilo, se lo ruego, y echando mano de su sutileza, se sentó junto a aquel viejo el camarero,
pues que llega una época en la vida en que uno se enfrenta a sus fantasmas, y por muchas cervezas que te pidas, extrañas a tus socios de partida, y hay ratos que ya nada te entusiasma,
así que a ratos pido alguna caña y me siento frente a frente con el vaso, y como sé de mis amigos su calaña sé que en el Valhalla me acompañan o yo quiero creerlo, por si acaso.