Trenzados

Una vida se mide
por los surcos de una mano,
donde los años residen,
donde la clase preside,
y las arrugas marcaron,

una vida se cuenta
por los nietos que criaste,
por estar siempre dispuesta,
en el medio de la cuesta,
donde siempre los cuidaste,

y una vida se valora
por lo que tú has disfrutado,
discúlpeme hoy, Señora,
que yo robara a deshoras
estos diez dedos trenzados.


A la Trina, en Santa Fé.

Paula Santana espera...
a que vuelva al fin el Tito,
ya sacó la silla afuera,
ya se ha sentado en la acera,
donde él pegaba gritos,

cuentan que está emocionada
y que lo echa de menos,
y que se acerca encantada
a ochenta como si nada
y que los lleva serenos,

y sabe que cuando él llegue,
va a llegar algo más viejo,
que habrá hecho los deberes,
que traerá tres churumbeles
y una mujer que le quiere,
y le dará este consejo:

siéntate conmigo y cuenta
¿conociste mucha gente?,
y di a VíctorHugo70
que tiene las puertas abiertas
y enfrié una Presidente.

A aquella escalera mecánica (de la Galería San Cristóbal)

Ya no está aquella escalera
que te subía y te bajaba,
si de Fortaleza vinieras
tendrás que bajar por fuera,
pues allí no queda nada,

aquella que fue testigo
del ajetreo de la calle,
se ha marchado, sumo y sigo,
se habrá jubilao, yo digo,
y hoy quise darle un detalle,

dicen que es ley de vida,
que todo lo viejo muere,
la imagino agradecida
jugando alguna partida
en una mesa de mujeres,
con sus cartas escondidas
para que no se las vieren,

ya no está Disco 2000,
ni tampoco los Lladró,
ya no podemos subir,
y yo solo quise escribir
a la que tanto curró,

y fue testigo del latir
del pueblo que me crió.