En los altos del Mercao un local haciendo esquina, un grifo de birra helao, nueve guiris ennortaos, nueve caras que alucinan de ver que lo que han pagao bajo un cielo soleao pa lo que están acostumbraos no llega ni a la propina,
camareras pululando, a veces hay música en vivo, el arroz lo están sacando, el sol que sigue pegando, a aquellos le están cobrando, cariño me voy acercando a ver si una mesa consigo, y tú ve también empujando que yo sé lo que me digo,
y es como aquella cantina en la que paraba Han Solo, pero no tiene cortina, lo petan en la cocina y a veces hasta hacen bolos,
es lo que el poeta opina, no hay fraude, ni engaño, ni dolo.
Hay gente que tiene un mote porque alguien lo cuadró, gente que sin que lo note sigue siendo un chavalote sin que los años le azoten, cual figura de Lladró,
siempre cubre su cabeza, tiene cara de erudito, se sienta tranquilo en la mesa y espeta con sutileza: ¿tus tres lugares favoritos?
y hay gente que siempre es vieja y hay gente que nunca crece, y no lo digo como queja sino con la envidia perpleja que siento por alguien a veces,
un niño siempre festeja y esta vida la enriquecen.
Más de un millón de personas votaron en una revista, para este año que asoma, quien es la mejor anfitriona, e hicieron su propia lista,
Malta fue la tercera, Mónaco la segunda, y esta ciudad de bandera, marbellí o marbellera, obtuvo victoria rotunda,
así que descansen ahora, que pueden cambiar de carril, pillar una mesa a deshoras, y un clima que no acalora hasta finales de abril,
ya llegará el mes de mayo, con el verano y sus prisas, hacer de tu capa un sayo, y mirando de soslayo, no queda otra, tocayo, que al turismo una sonrisa.