A la Alameda

Girando Ramón y Cajal
hacia Ricardo Soriano
hay un oasis vegetal
que tiene el mar al final
y tiene el pueblo a contramano,

una fuente de colores
que no pega ni con cola,
si un parque tuviera doctores
le dirían ¡que te mejores,
toma una cada 8 horas!,

del parque que yo recuerdo,
ya casi nada queda,
no queda gente leyendo,
ya no hay peces sonriendo,
ya no está el Cine Alameda,

queda una niña con trenzas
que se mece en un columpio,
queda un kiosco de prensa,
un Casino con nobleza,
y andando, que es gerundio,

pero es un sitio tranquilo
en la misma zona cero,
y a mí me gusta su estilo,
es como ese buen vinilo
que escucho siempre que quiero.

A la Iglesia de la Encarnación

Una plaza, dos campanas,
una iglesia medieval,
un párroco ya sin sotana,
una fuente octogonal,
unas agujas arcanas
en un reloj puntual,
San Bernabé a la solana
subido en un pedestal,
una muralla romana
pegada en un lateral,
y yendo a la Barbacana
el Bocanegra al final,

solo vienes con desgana
si fueras a un funeral,
a esta iglesia tan lozana
que parece catedral.

El puente (dibujo de Arturo Reque)

El puente separa dos barrios,
Santa Marta y Miraflores,
lo puso algún mandatario
que no encontró en el erario
dinero para colores,

a mí me gusta tal cual...,
hace la ciudad más blanca,
para un lado ves el mar,
al otro la Cruz de Juanar,
y hacia al cielo sus tirantas,

no es el puente Golden Gate,
ni tampoco el de Rialto,
pero nadie nos rebate
que llegaría al desempate
... y pasaría de cuartos,

porque es un puente callado,
que hizo una línea recta,
te cruza de lado a lado,
nunca a nadie ha cobrado,
y tiene las puertas abiertas.