Al Puerto Deportivo

En Marbella hay tres puertos,
uno de ellos deportivo,
donde diste el primer muerdo
cuando eras inexperto
y eras feliz por castigo,
(y estos son los trazos rectos
del que hoy es arquitecto
y entonces ya era mi amigo)

donde reías con tu gente
cruzando los callejones,
y fuera sábado o viernes
siempre salían a verte
o el Morito o el Canone,
y si querías perderte
aún había espigones,

te bajabas con colegas
y encontrabas a tu chica,
y crecíais por entregas,
y jugabais a la abuela,
y estas cosas no se explican,

de aquellos años ochenta
ya solo queda el futuro,
y cuando la peña está hambrienta
en "pizza al corte" se sientan,
y siempre queda el Arturo,

y yo aún recuerdo un garito
que se llamaba La Tasca,
donde ella entró un ratito,
lo nuestro fue fortuito,
y esa noche gané el Rasca.





Al Faro de Marbella

Justo encima de el Puerto
hay quien mira con descaro,
con un ojo siempre abierto,
de día y de noche despierto,
... estoy hablando de el Faro,

tiene un pijama a rayas,
mitad rojas, mitad blancas,
solo observa, siempre calla,
una luz que nunca falla
y una mirada franca,

un cíclope siempre atento,
una luz hecha de espejos,
un vigía de los vientos,
un testigo a sotavento,
y un marbellero viejo,

y en los bajos de la torre,
la verdad es una pena
que el partido en el gobierno
no haga un local interno
donde alguien lea un poema.

A la Torre del Cable

Hay en mi pueblo una torre
que no está en ningún castillo,
está sobre el agua salobre
de una playa donde corren
desde siempre los chiquillos,

creo que tuvo dos hermanas,
pero ahora está ella sola,
a la altura del Banana,
cerca de una bocana
y entre el ruido de las olas,

es vestigio de un pasado
y es icono de un presente,
de un pueblo que la ha indultado,
y el sitio donde han llevado
las cenizas de mil gentes,

tiene sabor salado...
y tiene a Marbella enfrente.