A Claudia, 20º (si ves a Aquiles)

Decía el famoso tango
que veinte años no es nada,
y yo aquí mientras tanto
iba de cuando en cuando
viendo cómo cambiabas,

cómo te hacías mayor,
cómo cogías soltura,
cómo ibas a mejor,
cómo con prueba y error
te ibas haciendo madura,

cómo te ibas a estudiar
cómo hacías las maletas,
cómo mueves la amistad,
cómo es que siempre estás,
cómo es que siempre lo petas,
cómo es que haces verdad
las palabras de un poeta,

y después de 20 abriles,
andas sola por Atenas,
si ves al bueno de Aquiles,
y tienes un rato, dile
que te hice este poema,

aunque diez mil versos juntos
no podrían nunca decirte,
que aunque a veces me pregunto
si soy culpable o presunto,
desde el día en que naciste
yo ya cumplí en este mundo.









La página en blanco

En esta vida hay días malos,
mas también los hay muy buenos,
esta vida es un regalo,
al que te has acostumbrado
y cada día un estreno,

hay páginas en la vida
que arrancaste en arrebato,
las que dejan una herida,
las que un borrón de tinta
te hizo pasar un mal rato,

pero pasas la siguiente 
y la tienes subrayada,
con colores fluorescentes,
suele ser cuando la gente
te da sin pedir nada,

y lo bueno de esta vida
es que no sabes qué viene,
solo que hay una partida,
que ya no ves la salida
y el tiempo no se detiene,

y que por mal que te vaya,
y si los dos somos francos,
no hay que tirar la toalla
porque cada día regalan
una nueva que está en blanco.





Los regalos de esta vida

La sonrisa de un niño,
el chocar entre dos copas,
tu amistad y tu cariño,
un piropo con un guiño,
y el olor que va en tu ropa,

una llamada altruista,
alguien que escribió Te quiero,
Rafa Nadal en la pista,
tener un carácter bromista,
tener un amigo sincero,
seguir escribiendo la lista
de quien viene el 6 de enero,

una pareja o un perro,
dos billetes con maleta,
no te llamen pa un entierro,
y aunque muchas veces yerro
las palabras de un poeta,

y a mucha, mucha distancia,
cuando estás a la bartola
no hay nada con más constancia
ni con más exuberancia
que el sonido de una ola.