Macondo en Cádiz (a Javier y Nuria)

Hay en Caños un reducto,
un paraíso perdido,
donde me guardo con gusto
el derecho a su usufructo,
y que está medio escondido,

un saloncito austero,
una estancia escondida,
cocina con fregadero,
un cuarto con cabecero
y un porche que da la vida,

jardincito con manguera,
una cancela al edén,
en la vida puñetera,
un sitio que yo quisiera
para colgar el The End,

un sitio bajo una duna,
un mar con mucho descaro,
y a la hora de la luna,
la noche que al mar acuna,
bajo las luces de un faro,

una pareja a su cargo,
que están pero no molestan,
Javier que es un viejo hidalgo
y por si faltara algo
Nuria está siempre dispuesta,

y en este rincón del mar,
cuyo nombre no recuerdo,
volví a descubrir qué es amar,
reír, disfrutar y bailar,
y por eso lo agradezco.






Envidiando a Atenas, a Claudia.

Siempre supo lo que quiso,
y en eso nació con ventaja,
siempre hizo caso omiso,
así que no superviso
ni barajo la baraja,

nació con algo especial
pa engrandecer el ambiente,
y dar un toque jovial
para que no sea banal
cualquier reunión de la gente,

se ha pegado tol verano
currando como una señora,
y dicen que en Puente Romano
hasta Bill junta las manos, y
de vez en cuando la llora,

ahora se ha marchado a Atenas,
a cursar lo que ella quiere,
nos deja un bocado de pena,
echo en falta su melena
y su mirada serena
de la que sabe que puede,

espero que sepa que deja
un hermano que la adora,
y una pareja vieja
que se asoma por la reja,
por si volviera a deshoras.

El tiovivo (basado en una idea de José María Ferreira)

La vida es un tiovivo
que da vueltas y más vueltas,
no le busques el motivo,
no te quedes pensativo, 
aquí gana quien se divierta,

y aprende de cada giro,
verás que son diferentes,
y piensa que suerte has tenido
si un sitio te han concedido,
pues no cabe toa la gente,

hay gente que guarda cola
y solo ve monotonía,
otros entran a porta gayola
y hacen hasta cabriolas,

y ves que el caballo reía.