Al Pogo

Mal año para el patrón,
cargadito de desdichas,
manejar la embarcación,
mantener firme el timón
cuando ya no hay calma chicha,

bajar a esa bodega
donde hay tantos recuerdos,
busca un sitio y se sosiega,
mientras el Pogo navega
por una especie de acuerdo,

un café por la mañana,
salir de puerto temprano,
dejar atrás la bocana
y huir de tanta tangana,
de tanta hortera urbana
y del fragor del verano,

y al igual que se acaricia
un perro al llegar a casa,
con el Pogo hace justicia,
lo lava, lo cuida, lo engrasa,
piensa en Luis y en Alicia
y toma una segunda taza,

más tarde la vuelta reinicia,
maniobrando con pericia
y enfilando a Sierra Blanca.




… ni aunque te quites

(esto debería venir en el libro de instrucciones de la vida)

y hay que estar siempre al quite,
en esta vida cachonda,
mañana importa un ardite,
la fortuna es sabihonda,
y déjame que te recite
esta sentencia redonda,
no busques un escondite
porque da igual que te escondas

"si está pa ti, aunque te quites,
... si no lo está, aunque te pongas"

Entre las rocas (a Juanito Vega)

Una tarde me dijeron
que un corazón sin fuerza
peleaba por quedarse,

era el de un caballero y
un señor, o viceversa,
zafándose de marcharse,

así que cogí la historia
y escribí un poema a locas,
pa que quede en la memoria
que al final logró victoria
y que ha vuelto entre las rocas,

con sus gafas y su arpón,
con su traje de torero,
para ver a la afición,
sentada en sombra y en sol
que ha venido a verlo al ruedo,
para ajustarse el calzón,
y para escuchar la ovación
con la montera en los dedos,

con la mano en un pitón,
... con el toro muerto miedo.