Lo conocí en un concurso,
mucho antes de la pandemia,
y fue ganándose a pulso
el ¡hoy tampoco te expulso!,
y ¡sigues en la Academia!,
no tuvo duda ninguna
que en la música él entraba,
y no es porque él presuma,
es que en una canción de cuna
su madre se lo cantaba,
hoy llena en los conciertos,
con entradas agotadas,
y termina medio muerto,
este choquero despierto
que apostó por "todo o nada",
y que en este mundo incierto
vive hoy, y no mañana,
me gusta cuando canta
y más aún cuando habla,
o destroza la garganta
o habla y te toca el alma,
cuando versos que te calman
él desliza entre palabras,
y dicen que Dios en el cielo,
entrando, a mano derecha,
disfruta como un abuelo,
contento de aquel mozuelo
que lleva el arco y la flecha,
para sanar los desvelos
de esta sociedad maltrecha.
Hace tiempo no veo un pijo,
no me importa que lo sepan,
no tengo miedo en decirlo,
yo ya he podido asumirlo,
y mi gente no discrepa,
cada vez que me revisan,
la presbicia me ha subido,
y la oculista me avisa
que despacito, sin prisa,
la miopía también me pisa,
así que estoy bien jodido,
y cuando me pongo las gafas
y veo todo tan claro,
la realidad me la chafa,
y me parece una estafa
poder ver todo en su estado,
veo la grasa en la cocina,
veo arrugas en la cara,
veo los grumos de la harina
en esas croquetas tan finas
que a veces me cocinabas,
veo un borrón de tinta china
en las letras de Sabina
y eso es una putada,
así que he decidido
volver a vivir sin lentes,
sentir lo desconocido,
olvidarme del olvido,
y no prestar cinco sentidos
a todo lo que hay enfrente,
y ahora que no veo un carajo,
y el mundo es menos perfecto,
lo de arriba es lo de abajo,
me he hecho experto en atajos
y a ratitos me hago el muerto.
El día que muera, compra vino,
no gastéis un duro en flores,
si ya se ha acabado el camino,
quiero que bebas conmigo,
como marditos roedores,
si solo se muere una vez,
quiero hacerlo a mesa puesta,
no quiero misa de diez
ni una jornada funesta,
quiero amigos, mi mujer,
y me merezco el placer
de que sea en una fiesta,
y cuando termine la cena,
coge una botella llena,
y guárdala en la despensa,
porque en la canción que suena
dice que "la gente buena
no se entierra, se siembra".