En un paso cebra

La vi en un paso cebra,
como cantaba Sabina,
venía pegando la hebra,
salió de entre las tinieblas
y cruzó desde la esquina,

sin comerlo ni beberlo
iba alterando el orden,
aún todavía recuerdo
esos muslos de estraperlo
que solo desenvolverlos
luego rompieron el molde,

tenía unas piernas de infarto,
falda corta sin tacón,
su bufanda azul cobalto,
y ya en el primer asalto
me había robao el corazón,

toreaba a los tranvías
y llevaba minifalda,
y desde aquel santo día,
tengo dentro la poesía,
y tengo a Sabina a la espalda,

un siete en Filosofía...,
y una amistad de esas largas.

Anti natura

Los miro por la mañana,
los veo reír por la tarde,
son como una ventana
que en darme aire se afanan,
... Dios les guarde,

me hacen sentir viejo
y joven también a la vez,
porque son como un espejo
donde a veces me reflejo
de camino a la vejez,

y cada vez que los miro,
y veo sus ojos sinceros,
cojo más aire y respiro
y a veces creo que deliro,
¡joder, cuánto los quiero!

que los niños de mis ojos
sean felices en la vida,
y que al llegar mis despojos
echen ellos el cerrojo
y sean quienes me despidan,

por eso hago este poema,
para la pena más dura,
para salvar de la quema
a quién sufrió la condena
de ver que el reloj de arena
se paró en un alma pura,

eso rompe los esquemas,
... eso es anti natura.



El drama del desencantado (homenaje a Gabo)

Saltó del décimo piso,
lo tenía decidido,
haciendo caso omiso
de consejos y de avisos,
... y fue cayendo al vacío,

y rozando la fachada
iba viendo a sus vecinos,
y al pasar por las ventanas
a sus vidas se asomaba
de aquel modo genuino,

y así pudo darse cuenta
que había de todo en botica,
que hay cosas que desalientan,
mas también tras cada puerta
hay ratos que gratifican,

y al pegarse contra el suelo
y terminar su caída
se tiraba de los pelos
por haber sido un canelo
y abandonar la partida,
por haber hecho aquel vuelo
y por no apreciar la vida.