El último quijote

Volvió a mirarse las manos
llenas de venas y arrugas,
se había levantado temprano
por eso de "al que madruga",
cogió su bastón liviano,
cogió su cuerpo de anciano
y el pasillo hacia la fuga,

salió sin que nadie lo viera
con su bata de enfermero,
y al llegar hasta la acera
se ajustó bien la visera
como hacía su Caballero,

se escapó de Cienpozuelos
(como cantaba Sabina),
con sus ojos azul cielo,
sus andares de locuelo
y su mirada ladina,

andando por la calzada
e ignorando a los molinos,
vio que no estaba ocupada
una mesa soleada,
se sentó, y pidió un vino,

y oliendo la libertad
perfumadita de brea
(como decía Serrat)
al camarero tutea
y le dice: ¡está al llegar,
hemos quedado a almorzar
y se llama Dulcinea!

y una lágrima suya 
(como dijo Peret)
en la arena cayó

¡Vaya doncella capulla!
me la ha jugado otra vez,
pagó la cuenta y marchó,

y ya de vuelta en su celda
se relaja poco a poco,
y entonces en una libreta
recuerda la vieja receta:
morir cuerdo y vivir loco.










No quiero hacerme viejo

No, no quiero hacerme viejo,
que me dejen como estoy,
no quiero ser solo pellejo,
no quiero llegar más lejos
de lo máximo que doy,

quiero parar justo arriba,
cuando aún valga la pena,
andar pasando fatigas
inclinado cual cursiva
la verdad, no me motiva,
y no entra en mis esquemas,

no quiero tener cataratas
ni mearme en los pañales,
ni escribir mi fe de erratas 
ni elegir si plomo o plata
ni suelo en el que resbale,

quiero llegar hasta el tope
... y luego rebobinar,
y como en golf, que me dropen,
sentir de nuevo el galope
de ir viviendo hacia atrás,

volver a la edad madura,
ver a mis hijos nacer,
y hacerles una captura
de alguna foto bien chula
que no voy a devolver,

volver a ir al instituto
donde conocí a mi niña,
y pagar un buen tributo
a aquellos que con macuto
desde siempre hicimos piña,

ver cocinar a mi abuela,
verla sin que lo note,
ir andando hasta la escuela,
sentir el judo en las venas,
leer con mi abuelo el Quijote,

jugar con primos y hermanas
como ya ni lo recuerdo,
vestir pantalón de pana,
ponerme de mala gana
un jersey de cuello vuelto,

en la sala de neonatos
ver la cara de mi padre,
y descalzo, sin zapatos,
echar mi primer flato
en los brazos de mi madre. 











Este poema

Que pueda ver el brillo de tus ojos,
que tengas siempre a mano una maleta,
que no te mire el mal ni de reojo,
que sea la vida siempre en versión beta,

que siempre juegue un niño por las calles,
que siempre haya un abuelo por el parque,
que no se pierdan nunca los detalles,
que siempre queden libres dos embarques,

que aún esté mi número en tu agenda,
que salga a tiempo un vuelo pa´ la luna,
y en la barra de algún bar alguien te venda
una birra con sus dos dedos de espuma,

que siempre tengas alguien que te quiera,
que siempre haya un plato que comer,
que siempre quede un hombre por la acera
que se gire cuando pasa una mujer,

que siempre tengas ganas de bailar,
que haya siempre un suelo donde pises,
y si algo malo te tiene que rozar,
que no te deje nunca cicatrices,

que el que esté contigo se divierta,
que tengas muchos ratos de esos buenos,
que dejes una puerta siempre abierta,
que no te echen de más y sí de menos,

que yo me vaya antes que tú te marches,
que pasen las dos cosas muy muy tarde,
que volvamos una noche dando baches,
y encontremos un portal que nos resguarde,

que en medio de esto que llaman la vida
busquemos a ratitos un receso,
y tú te des al fin por aludida
y me des, porque tú quieres, algún beso,

que no olvide decirte que te quiero,
no creas que se trata de un capricho,
te quise desde el día uno de enero,
lo digo por si aún no te lo he dicho,

que quede mucho tiempo por vivir,
que haya solución a los problemas,
y ya que estamos puestos, por pedir,
que pueda un día leerte este poema.