Yo me asomaba al balcón
a las ocho de la tarde,
y allí estaba la afición,
más que en los Rolling Stones
o en un pregón del alcalde,
... luego videoconferencia;
lo menos tenía tres o cuatro,
que entraban con cadencia
y las hacía con prudencia,
enfocando el aparato...,
no me vieran la indecencia
de ir en bata y sin zapatos,
y en los tiempos de pandemia,
cuando el mundo se acababa,
la vida era más bohemia,
y tengo de una academia
una orla aún enmarcada
de un control de alcoholemia,
que en esos días aprobabas,
y el tiempo se las ingenia
pa´ volver a las andadas,
y ahora solo hay gardenias,
ya no hay vecinos ni nada,
espero hasta ocho y media
y digo: ¡saldrán mañana!
y en estos tiempos normales
que ojalá que no se vayan,
hoy he vuelto a los anales
a ver los cariños reales
que surgieron en batalla,
aquellos abrazos joviales
que dábamos por pantalla.
Fueron tres personajes
de una Marbella anterior,
clásicos de un paisaje
que pagaron su peaje,
y estos versos sin ambages
hoy les regala el autor,
uno vivía en una choza
como Diógenes el griego,
y allí por la calle Mendoza
amontonaba una broza
de cartones sin sosiego,
y era una cosa curiosa
verlo correr con dos huevos
cuando de forma jocosa
lo llamaban los chicuelos,
otro vivía donde El Cable
en una cabaña apartada,
verlo era desagradable,
mejor no le dejes que hable
pues en la cara no hay nada;
este era un tipo sociable
con tristeza en la mirada
pues era imposible mirarle
y al final el tipo, amable,
volvía a la fonda del sable
con la mirada cansada,
y creo que es más que probable
que al no conversar con nadie
llorara de madrugada,
y el otro era un buen hombre
que junto al segundo vivía,
y cuando pasaban los coches
era tal su alegría,
que como un niño noble
aplaudía y aplaudía,
y ahora que el tiempo pasó
en algún lugar del cielo,
el primero se afeitó
y se ha cortado los pelos,
el segundo se operó
y se puso un rostro nuevo
y dicen que es actor
o trabaja de modelo,
y al otro lo puso San Pedro
a que le ayude en la puerta
y con aplausos sinceros
le avisa si llega alguien nuevo
y así puede echarse la siesta,
fueron tres personajes
que retengo en la mirilla,
y este es mi homenaje
al "tonto la bajadilla",
al "bornoy" y su coraje
y también al "pelotilla".
Un niño va en bicicleta
con tan solo trece años,
con tres cuartos y calceta,
buscando unas pocas pesetas
que le sirvan como apaño,
un niño en plena posguerra
paseando sus bidones,
en una época perra,
donde el miedo te encierra
y no hay niños ni balones,
alguien que hace una foto
seguramente por Huelin,
... un fotograma roto
sacado para una peli,
una hija años más tarde
que compra el diario Sur
y se la enseña a su padre,
y le dice que la guarde,
¡que ese podrías ser tú!
un niño ya casi abuelo
que recupera su vida,
y se tira de los pelos,
llorando con el consuelo
de ver la foto perdida,
y hoy sigue una bici vieja
por el cielo dando vueltas,
y allí San Pedro, en la reja,
que vuelva tarde le deja
y él le espera en la puerta,
y comen los dos en pareja,
aceite con pan de espelta.