Dejé…

Dejé de mirar atrás
cuando el camino estrechaba,
y entonces al caminar,
por fin empecé a disfrutar
el camino que quedaba,

... y dejé de comulgar
con todo lo que me dicen,
y al darme la vuelta y girar
ya me empieza a resbalar
si por detrás me maldicen,

Dejé que esto que es la vida
a ratitos me sorprenda,
y voy soltando la brida
y así que ella misma decida,
aunque a veces no la entienda,

Y dejé pagado un vino
en el bar que nos gustaba,
por si al final del camino
quieres charlar conmigo
y vemos cómo esto acaba.

A Marbella (fotos cortesía de Francisco Román)

... suena una gaviota
pasando por mi tejado,
se oyen de lejos sus notas
cuando grazna y alborota
el cielo con su descaro,

Hoy el agua está serena,
el sol ríe otra vez ufano,
me digo que vale la pena
andar algo más por la arena,
... llegar a Puente Romano,
Llegando al Marbella Club
subo un rato al pantalán,
a un lado Puerto Banús,
hacia el otro la quietud
que envidian Eva y Adán,
Allí donde el sol se baña
yo cojo asiento en platea,
allá donde las montañas 
muy al sur, al sur de España
duermen con la marea.
Y aquel que crea que se engaña,
que venga a Marbella y lo vea.

A Pablo, José y la niña del columpio (o la mirada de un guerrero)

Hace años vi una escena,
aunque ellos no me vieron,
y me daba mucha pena
no escribir este poema,
pues además es que quiero,

esto pasó en la Alameda,
hace ya bastante tiempo,
era una tarde cualquiera
con una niña a mi vera
columpiándose en su asiento,

Pablo estaba en su silla
y vio venir a su padre,
con esas sonrisas que brillan
desde dos o tres millas,
dependiendo del encuadre,
esas sonrisas que humillan
porque no están a tu alcance,

... José venía de frente
sonriendo desde lejos,
y Pablo tan impaciente
por querer besarle urgente,
que es su acto más reflejo,

hace años vi una escena,
aunque ellos no me vieron,
el abrazo que se dieran,
los diez segundos de espera,
la mirada de un guerrero.