A mi perro Tico, wherever (para Eva González Martín)

Venía presto a saludarme
cada vez que me veía,
era un perro de gendarmes
que vino para enseñarme
lo altruista que es un guía.

Tenía una mirada profunda
sobre unos ojos acuosos,
hoy los recuerdos me inundan,
y de esa historia fecunda
siempre me quedan los posos.

Dicen que un año de un perro
equivale a siete nuestros,
a ese dicho yo me aferro,
y afirmo sin ningún yerro
que mi Tico era un maestro.

Quisiera darle un abrazo
pero tendrá que esperar,
dicen que en su regazo,
en el cielo el gran jefazo
lo llamó pa´ trabajar,
aunque yo siempre un retazo
guardo entre el costillar.

Hoy sería su cumpleaños
y yo le recuerdo despierta,
y sé que al guardar al rebaño
donde ya no hay más peldaños,
mira a mi cuarto huraño
allí con San Pedro en la puerta.

Y por si voy a darle un baño
siempre la deja entreabierta.






El Arroyito

Cuentan que en una dehesa
por tierras de Montellano,
hay siempre puesta una mesa
y el humo de unas pavesas
por si llegaras temprano.

Se han juntado en comuna
varias parejas de antaño,
y como los tíos de la tuna
o los de Fuenteovejuna
no se pelean hace años.

Hay gallinas y animales,
y un terreno que ellos siembran,
el sol pega allí a raudales,
y dicen que todos los males
por la puerta nunca entran.

Los dejamos disfrutando
barajando bien las cartas,
alguno estará cocinando,
otro música pinchando...,
¡que suerte Dios les reparta!

Y tú vete ya arreglando...
por si hay sitio y encarta.

P.D.:
Dicen que Dios desde el cielo
los mira desde una cornisa,
y cuentan que siente celos,
y si arriba no hay currelo,
... a ratos los supervisa.