Llegué a las puertas del cielo, me cachearon en la entrada

Llegué a las puertas del cielo,
me cachearon en la entrada,
me quitaron los desvelos,
la casa, el coche, el dinero,
las tonterías, las bobadas,
... si he de serte sincero,
no me dejaron nada.

Lo único que te dejan
son los ratos que has vivido,
los hilos de la madeja
que con tus manos ya viejas
en esta vida has tejido.

Los besos y los abrazos,
las caricias y las risas,
aquellos telefonazos
en que te diste el gustazo
de llamar a alguien sin prisa.
Los brindis, los momentazos,
tus niños en tu regazo,
el partirte la camisa,
aquellos primeros flechazos,
los corazones de tiza.

Los ratos con los amigos,
aquellos atardeceres, ...

Los "tenía que haber ido",
los "quiero llamar y me olvido",
puedes tirarlos si quieres,
allí San Pedro y Cupido
ya no te mandan deberes.









Un Poema

A veces miro al frente y no veo nada,
la gente que camina como loca,
la peña que va toda ensimismada,
la rutina que se ríe a carcajadas,
el tedio que amilana y que te enroca.

Y entonces doy las gracias porque hoy
de nuevo en mi cabeza hubo fumata,
los versos que pergeño te los doy,
llevo una pluma siempre a donde voy,
disculpas por si hubiera alguna errata.

Y en estos tiempos locos que vivimos,
si conseguí salvarme de la quema,
yo fui buscando cómodo y con tino,
los versos que me salen al camino,
sin un bosquejo previo ni un esquema,
tratando de ir hilando siempre fino,
y dar por concluido otro poema.





Abro el grifo… (homenaje a Ricardo Darín)

Abro el grifo, sale el chorro,
... y además sale caliente,
no tengo cuenta de ahorro,
no estoy hecho unos zorros,
tengo el calor de la gente.

Voy al armario a ver la ropa
pa´ comprar la última moda,
y me siento el rey de copas
y vuelvo a lanzar una OPA,
pues vuelve a valerme toda.

Disfruto con una sonrisa,
adoro la gente contenta,
y me gusta esta cornisa
en las que sopla la brisa
y me asomo con cincuenta.

No quiero ni un puto lujo,
yo valoro el estar sano,
moverme sin un tapujo,
si me gusta algo, pujo,
y si pierdo, doy de mano.

Ver crecer a los niños,
rodearme de los míos,
el sol que mañana, lampiño,
volverá a hacerme un guiño
y me dirá: ¡quillo, al lío!