Los conocí en el Camino y me dejaron su huella, puede que fuera el destino o fuese el genio de Aladino quien nos dio la mesa aquella,
donde cruzamos las vidas en una mesa de Agés, jugando nuestra partida, siguiendo la flecha amarilla al olor de unos cafés,
dicen que Maika anda mal, que le ha fallado la cuerda, que ahora justo al final cuando no hay que trabajar le llega una enfermedad de esas que son una mierda,
y yo que la vi dos veces quiero mandarle un abrazo, darle las gracias con creces por multiplicar los peces con esa sonrisa que, a veces, mejora el día de un plumazo,
... y que una peregrina nunca se quita las botas, el Camino no termina cuando la cuesta se empina,
siempre hay una propina pa quien aprueba con nota.
Me gusta ver escrito en las paredes los versos que escribiera algún poeta, me gusta más que eso de las redes, que pones un dedito cuando quieres y mandas luego todo a hacer puñetas,
me gusta la ciudad que tiene escritos renglones en rincones elegidos, a mí me parece algo bonito poner de algún poema algún trocito que pueda ser a ratos releído,
en mi pueblo ponen pocos y se van deshilachando en algún lugar remoto con Marpoética ya roto ya se marcharon los focos y al verso le vayan dando,
el día que yo me muera no quiero ningún pedestal, ni una calle con acera, ni ninguna estatua hortera de una junta vecinal, yo lo que quiero de veras es que en un rincón cualquiera un día se acerque un zagal, saque de la cartuchera un boli de esos Bic Cristal y cuando nadie lo viera pinte el verso que él quisiera de los que yo un día escribiera,